Dental Tribune Latin America
La Dra. Laura Díaz Guzmán (segunda por la izquierda) durante el evento por la salud oral “Dibujando Sonrisas”, en León, Guanajuato, en 2019, cuando era Presidente de la Asociación Dental Mexicana.

“Quien no ha vivido, no tiene nada que contar”

By Laura Díaz Guzmán
May 19, 2021

Este artículo es un resumen de uno de los capítulos del libro “Testimonios de vida y pasión”, del Dr. Víctor Manuel Guerrero Reynoso, el cual recoge las historias de muchos de los protagonistas de la odontología latinoamericana. En esta ocasión, la Dra. Laura Díaz Guzmán, ex Presidenta de la Asociación Dental Mexicana, nos cuenta sus vivencias desde que empezó la carrera hasta que alcanzó la primera posición a nivel gremial de la odontología en México.

Nací en la ciudad de Toluca de Lerdo, Estado de México, el 21 de agosto de 1954, siendo la tercera de los hijos de Enrique Díaz Gutiérrez y María Pinita Guzmán Díaz.

Mi padre era oriundo de la ciudad de Toluca y mi madre de San Rafael, Michoacán. Ellos se conocieron y casaron en Toluca. Mi padre laboraba en ese entonces como funcionario del Banco del Estado de México. La familia Díaz Guzmán la integraron once hijos, quienes en orden cronológico somos: Mariluz, Odontóloga, Alfonso Enrique, Ingeniero Químico Industrial, Laura María, Odontóloga, María Cristina (†), Rebeca, Alicia, Licenciada en Turismo y Hotelería, Eduardo, Manuel, Ingeniero en Comunicaciones, Alejandro, Ricardo (†) y Lorena, Contadora Público.

Hoy, a esta gran familia la integramos nueve hijos, tres nueras, cinco yernos, veintitrés nietos y doce bisnietos.

El trabajo de mi padre propició los cambios de ciudades; residimos en Toluca, Celaya, Guanajuato y León. Soy orgullosamente toluqueña de nacimiento, desde los siete meses, guanajuatense por adopción y felizmente leonesa por orgullo y convicción.

Mis primeros recuerdos de Guanajuato capital, se remiten a una ciudad pequeña, en aquel entonces, donde podíamos desplazarnos rápidamente a cualquier sitio sin problemas y con seguridad. Vivíamos en un callejón, cerca del templo de Belén, el mercado y el único cine que había en la ciudad. Cinco años de mi vida transcurrieron ahí. De pequeña, era experta en guiar a los familiares que nos visitaban; los llevaba a los lugares turísticos como el Jardín de la Unión y las famosas momias de Guanajuato.

Nos cambiamos en 1959 a Celaya, Guanajuato, donde ingresé a la primaria a la edad de cinco años. En esa ciudad cursé la secundaria y un año de preparatoria. Fueron años felices. En las tardes, después de hacer la tarea, salía corriendo a jugar con las amiguitas. Era hábil en un columpio que colgaba de un árbol grande de pirul; jugaba a los encantados, a la roña, al avión, a las muñecas y a las comiditas. Todos los fines de semana, de primavera a otoño, mi papá nos llevaba a jugar baloncesto —no me gustaba, por ser un deporte de contacto—, nadábamos en el club e íbamos a comer al campo.

La Dra. Díaz Guzmán recibe un reconocimiento a su trayectoria de manos de David Hidalgo, Director General de Ivoclar Vivadent para México, Centroamérica y el Caribe.

Mi padre era un hombre cariñoso, siempre pendiente de que aprendiéramos a nadar, y aspiráramos a ser mejores hombres y mujeres; nos pedía que abriéramos los ojos y observáramos las bondades de estudiar para ser independientes y productivos. “El matrimonio —recalcaba— no es la única opción para el futuro de las mujeres de mi familia”. Inculcó en nosotros el gusto por la lectura, el cine, los deportes, el respeto a la palabra otorgada, y creer en nosotros mismos para llegar hasta donde quisiéramos. Su figura importante y fuerte me quedó labrada; creyó en mí y me impulsó a ser en toda la extensión de la palabra. Cálido, afectuoso, simpático, positivo; todos los de la familia buscábamos un asiento para estar cerca de él. Mi madre fue una figura siempre presente que demostró el amor por la familia. Trabajó con acciones y palabras; buena administradora, sencilla, prudente y dispuesta a escuchar sin juzgarte; cálida en su trato, fue muy querida por sus nueras, yernos y sus nietos. Cuando falleció mi padre en el año 2002, mi mamá emergió como una figura de enorme fortaleza y lideró a la familia. La casa estaba permanentemente abierta; en la cocina teníamos comida caliente y, sobre todo, su cariño nos arropaba. Fuimos muy unidas, parecidas en el carácter, se convirtió sutilmente en un apoyo fundamental para mi desarrollo. Siempre pensaba: cuando se queje de mis constantes salidas a dar cursos y conferencias en el país, tendré que parar. Eso nunca ocurrió. En una ocasión salí de casa a las cuatro de la mañana, para tomar un vuelo a la Ciudad de México; a las ocho llegó Lorena mi hermana a visitarla, la encontró con una hemorragia nasal abundante. Resuelto el problema, ella pidió que no me informaran para no inquietarme porque tenía una asamblea de la Asociación Dental Mexicana (ADM). Esta era mi madre.

Estudiar Odontología

En febrero de 1970 emigramos a León, Guanajuato, yo contaba con quince años. Dejar a mis amigos de la infancia y adolescencia en Celaya, fue muy difícil. Llegar a la mitad del curso, a la Escuela Preparatoria de León, de la Universidad de Guanajuato, resultó un lío.

Ese año, la ciudad de León vivió un ambiente mundialista; la euforia futbolera contagio a la población. Las selecciones de Alemania, Perú, Bulgaria, Marruecos e Inglaterra jugaron en la ciudad, y tuve la ventaja de conocer a grandes futbolistas a los que podía ver y tocar, cosa impensable en nuestros días, por las medidas de seguridad actuales. Ese mismo año apliqué el examen de selección para estudiar Odontología en la Universidad Autónoma del Estado de México (UAEM) y lo aprobé. Tenía dieciséis años y una convicción firme de triunfar; era mi oportunidad de ser alguien en la vida.

¿Por qué estudié odontología? Inicialmente, en la adolescencia pensaba que estudiar Derecho sería fabuloso, pues admiraba a mi maestra de Historia Universal. Después quise estudiar Química, porque tenía una extraordinaria maestra en esta materia, luego opté por Medicina; hasta que decidí que no podría lidiar con la muerte de pacientes en mi vida. Mariluz, mi hermana mayor, estudiaba en la Facultad de Odontología de la UAEM, fue mi inspiración.

Me fui a la ciudad de Toluca e ingresé a la universidad, con dieciséis años y unas ganas enormes de tener éxito. En esa época, la UAEM tenía un programa de tronco común de dos años en el Instituto de Ciencias de la Salud, con alumnado de Medicina, Odontología y Veterinaria; la carga académica era igual para todos. Las materias básicas: Anatomía Humana, Histología, Embriología, Fisiología, Microbiología, Parasitología, Bioquímica, Farmacología, Radiología y Patología General eran impartidas a profundidad, acompañadas de prácticas de laboratorio y visitas hospitalarias todos los días. Este hecho me marcó y dejó una huella fuerte para el futuro.

Al terminar este periodo, ingresé a la Facultad de Odontología, cursando en tercero y cuarto año las materias propias de mi profesión.

Ese tiempo en la facultad representó años maravillosos, de muy buenas relaciones personales y profesionales. Tuve grandes compañeros que recuerdo con mucho cariño y momentos inolvidables con los que te envuelve la juventud. Fue una época dedicada al estudio, a las prácticas clínicas y en las que también aprendí a estirar los recursos económicos para alcanzar a llegar al fin de mes. En esa etapa, tenía la tutela y la mirada estricta pero cariñosa de la hermana de mi padre, la tía Lola. Vivía con mis hermanos Mariluz y Alfonso Enrique, quien estudiaba en la Facultad de Química. En las vacaciones, volvía a casa, feliz de disfrutar a mi familia.

Me gradué a los diecinueve años, un 3 agosto de 1974. Siempre he dicho que bailé el vals de graduación sin haber cumplido aún los veinte años. Para septiembre de ese año realicé mi Servicio Social Profesional en el Centro de Salud “A” de la Secretaría de Salud, en Toluca. Aprendí en esa clínica a trabajar con rapidez y efectividad y a conocer de cerca las necesidades de la población de escasos recursos.

Me titulé el 17 de diciembre de 1975, con la tesis “Investigación de la efectividad del fluoruro de sodio al 2% en primeros molares permanentes” que elaboramos con el Dr. Francisco Montiel Conzuelo y el Dr. Antonio Bambú Rodríguez (†) bajo la dirección del Dr. Rosendo Jordán.

Durante el servicio social, poco antes de titularme, el Dr. Jesús Montiel Navas, director de la Facultad, me mandó llamar para proponerme que fuera profesor asistente de la materia de Patología Bucal que impartía el Dr. Arturo Espinoza, Cirujano Maxilofacial muy reconocido. Así ingresé a la planta docente de la Facultad de Odontología. La academia llegó como parte esencial de mi existencia y nunca se fue. Hay momentos decisivos que marcan tu futuro. Este fue uno de ellos.

Universidad de La Salle Bajío

En León, Guanajuato, el Dr. Armando Hernández Ramírez, fundador de la Escuela de Odontología de la Universidad del Bajío, —ahora Universidad de La Salle Bajío (UDLSB)— estructuraba, entonces, la planta docente e invitó a Mariluz mi hermana a trabajar en este proyecto. Ella estaba próxima a casarse y se iba a mudar a la ciudad de Toluca, por lo que me recomendó diciendo: espera titularse para regresar y ejercer en León. Días después, el Dr. Hernández tuvo una reunión de la Asociación Mexicana de Escuelas y Facultades de Odontología (AMFEO, y FMFEO), en Tijuana; preguntó mis antecedentes al Dr. Montiel (director) y al Dr. Jordán,(asesor de tesis), y ellos me recomendaron ampliamente. Cuando llegué a León continué la vida académica, labor que he desarrollado con pasión y me ha dado tantas satisfacciones. Desde aquella época me une una amistad entrañable con el Dr. Armando Hernández a quien admiro y respeto, y en quien reconozco al líder con gran capacidad y visión para abrir la carrera de Odontología en el área del Bajío e integrar un gran plantel docente en la naciente licenciatura. Este programa académico, que tanto reconocimiento tiene en México y fuera de él, arrancó con un equipo docente capaz y comprometido. Posteriormente, en este y otros proyectos, trabajamos juntos. Agradezco infinitamente al Dr. Hernández su confianza.

La Presidenta de ADM en Nueva York con el Presidente del Greater New York Dental Meeting, Dr. Lauro Medrano, en 2017.

Regresé a la ciudad de León en agosto de 1976, a los 22 años, e ingresé a la planta docente de la Escuela de Odontología de la Universidad del Bajío —UBAC y ahora Universidad de La Salle Bajío— para encargarme de las asignaturas de Patología General y Patología Bucal, materias que seguí impartiendo a lo largo de 41 años, hasta mi jubilación de la vida académica en el año 2017. La Universidad de La Salle Bajío es un pilar en mi vida. Sus aulas, los caminos sinuosos que la componen y su gente, han sido determinantes en mi crecimiento profesional; soy Lasallista de corazón.

En 1991, siendo Director de la Escuela de Odontología de la Universidad de La Salle Bajío, el Dr. Víctor Manuel Guerrero Reynoso, me nombró Jefa del Departamento de Diagnóstico y Medicina Bucal, cargo que desempeñé hasta el año 2017, cuando me retiré de la docencia formal.

Desde 1976 impartí cursos en programas de licenciatura, y en postgrados de Prostodoncia Avanzada, Endodoncia, Maestría de Ortodoncia, Maestría de Odontopediatría; Diplomados de Prótesis Bucal Fija y de Trastornos de la Articulación Temporomandibular; en el Curso Internacional de Revalidación en Odontología. También coordiné el Diplomado de Diagnóstico y Medina Bucal, la Clínica de Diagnóstico, la Clínica de Urgencias y Atención Inmediata y la Clínica de Medicina Bucal. Viendo en retrospectiva, en el Departamento de Diagnóstico y Medicina Bucal logramos integrar un grupo muy competitivo de profesores comprometidos con la docencia, de la que siempre he estado muy orgullosa. Va mi reconocimiento y cariño para todos ellos desde aquí. En esos buenos años de trabajo y compañerismo, fueron y siguen siendo mi familia.

Participé en dos procesos de revisión curricular de la facultad y en dos procesos internacionales de Acreditación de la Facultad de Odontología. Uno de ellos, el proceso de CODA me dio gran experiencia y amplió mi visión de lo que debe ser una institución educativa.

Profesora de la ADM

A partir de 2000, soy orgullosamente Profesora de la Asociación Dental Mexicana, distinción que me ha permitido estar cerca de las personas de diversos colegios de odontólogos mexicanos. ¿Cómo me inicié en esta labor? Siendo estudiante de odontología, la dirección de la facultad con frecuencia invitaba a catedráticos que eran Profesores ADM. Así conocí al Dr. Eduardo Ortega Zárate, al Dr. Robin Grey, al Dr. Daniel Silva Herzog y otros destacados representantes de la odontología mexicana, que sembraron en mí las ganas de ser como ellos. En 1972, en la Ciudad de México, asistí al Congreso Dental Mundial de FDI y quedé impresionada con los conferencistas, la organización y los asistentes. Este congreso me sembró la idea de pertenecer a la Asociación Dental Mexicana, Federación Nacional de Colegios de Cirujanos Dentistas A.C., ingresando a ella 1978 y a la Asociación Dental de León, Colegio de Cirujanos Dentistas A.C. (ADL). Desde entonces, soñé con que algún día sería conferencista.

Pertenecer a ADL y ADM se convirtió en una pasión que me ha atrapado a lo largo de todos los años de mi ejercicio profesional. En la Asociación Dental de León, participé en diversos Comités Ejecutivos trabajando en diversas comisiones, especialmente en la de Educación Continua, hasta que en 1999-2001 asumí la presidencia de mi querida agrupación gremial, convirtiéndome en la primera mujer en ocupar ese cargo. Agradezco a mis compañeros de ADL que se sumaron a mi proyecto de trabajo.

Entre 2001-2004, fungí como Secretaria del primer Consejo de Certificación ADM. Posteriormente participé como Pro-Secretaria del Interior en el Comité Ejecutivo 2003-2005, presidido por el Dr. Armando Hernández Ramírez. En ese periodo y a propuesta del Dr. Hernández, ante la asamblea ADM en León, Gto. asumí en mayo de 2004 la Presidencia del Consejo de Certificación/ADM, cargo que ocupé por ratificación de la Asamblea ADM hasta 2011. Durante esos años, logramos integrar equipos de trabajo que impulsaron la certificación profesional mexicana y la llevaron a avanzar desde un proceso por evaluación documental a uno que incluyera de inicio, la aplicación del Examen Único de Certificación (EU-ODON), para que posteriormente, en la recertificación, se tuviera la opción también de la evaluación documental. De 2005 a 2010, trabajamos intensamente para lograr la Idoneidad que otorga la Dirección General de Profesiones, de la Secretaría de Educación al Consejo de Certificación/ADM, reconocimiento del gobierno federal a este organismo, por la seriedad y transparencia del proceso, la autonomía y ética en su desempeño. Logramos fortalecer durante ese tiempo, de manera estrecha, las relaciones entre la Asociación Dental Mexicana con el Colegio Nacional de Cirujanos Dentistas; relaciones cordiales y fraternas que han perdurado hasta la fecha. Reconozco el apoyo total del Dr. Rolando Gonzalo Peniche Marcín. En los años que trabajamos para el Consejo de Certificación ADM, él tuvo un papel fundamental gracias a su gran visión, sensatez, sabios consejos, y una enorme disposición para ayudar. Compañero de mil batallas, generoso, es uno de los grandes amigos que Dios y la vida me han regalado. Soy afortunada de que, en innumerables veces me haya mostrado el camino.

Tiempo después, renuncié a dirigirla, con pesar, cuando propuse en la Asamblea de ADM, en la ciudad de Aguascalientes, Ags., mi candidatura a la presidencia de ADM.

En noviembre de 2017, tomé protesta en el Auditorio de WTC de la Ciudad de México, como Presidente de la Asociación Dental Mexicana, Federación Nacional de Colegios de Cirujanos Dentistas A.C. Ejercí este cargo de enero de 2018 hasta diciembre de 2019. Esta ha sido una increíble y enorme oportunidad de servir y de crecer como profesionista, pero sobre todo como persona. Mis compañeros y su servidora integramos un equipo de extraordinarios colaboradores y conseguimos posicionar a ADM como la agrupación gremial más importante del país. Estuvimos presentes en eventos internacionales y también en todos los nacionales que la agenda nos permitió. Uno de los objetivos más importantes que nos habíamos trazado para ese bienio fue el tener cercanía con los colegios federados y las personas que los integraban, meta que cubrimos con creces. Con un gran programa de Educación Continua, la formación de grupos estudiantiles, la organización de dos extraordinarios Congresos Nacionales Estudiantiles, dieciocho Reuniones Regionales de capacitación para presidentes y grupos dirigentes de los colegios federados, dos Congresos Internacionales ADM, una magnífica plataforma digital, que facilitó la comunicación para ADM y sus colegios, una gran presencia en las redes sociales, extraodinario trabajo colaborativo con las personas de la Agrupación de la Industria y el Comercio Dental (AMIC Dental); entre otras labores y programas, llegamos exitosamente a las metas propuestas. Agradezco a los directivos y odontólogos que me acompañaron en esos dos años al frente de ADM. Todos cumplieron a cabalidad con la labor y responsabilidad que teníamos de guiar al gremio.

De manera particular deseo mencionar a dos personas: bajo la administración de la Dra. Manuelita Solís Gutiérrez, la tesorería ADM permitió el logro de los objetivos de este notable equipo de trabajo. Ella, con su don de gente, su bien hacer, su consejo oportuno y su gran amistad, me permitió tener una visión más amplia del entorno al tomar decisiones; se convirtió en un baluarte, un apoyo generoso, y me dio la seguridad con su respaldo, sensatez y cariño. Gracias también a la gran labor del Dr. Víctor Manuel Guerrero Reynoso, quien tuvo un papel crucial para el éxito de nuestras gestiones. Solidariamente, se mantuvo al frente de las relaciones con la Industria Dental y fue el encargado de obtener recursos para lograr los fines del plan de trabajo. Siempre atento al desarrollo de los programas y actividades, dispuesto a trabajar, despejó el camino, me orientó e introdujo en el medio de la Industria y el Comercio Dental. Fue generoso con su tiempo, sus enseñanzas y consejos. Él, teniendo ya un fuerte liderazgo, nos dió a los demás el espacio para trabajar, buscar la mejor solución a los problemas y aprender a decidir. Víctor es una figura cercana y constante y su respaldo fue fundamental. Mantenemos una amistad de respeto y cariño a través de tantos años, desde que él fue presidente de ADL y me integró a la Comisión de Educación Continua de mi colegio; posteriormente, como Director de la Facultad de Odontología de la UDLSB siempre apoyó mis proyectos. El talento y capacidad de trabajo del Dr. Víctor Manuel Guerrero Reynoso no tienen límites y su amistad es un privilegio.

Pertenezco a las siguientes organizaciones profesionales:

  • Miembro de la Asociación Dental Mexicana, de 1978 a la fecha.
  • Miembro de la Asociación Dental de León, Colegio de Cirujanos Dentistas AC., de 1978 a la fecha.
  • Miembro del International College of Dentists, Sección México, de 1995 a la fecha.
  • Miembro de la Pierre Fouchard Academy, de 2012 a la fecha.
  • Miembro del FDI World Dental Federation.

Tengo gratitud hacia la vida, me ha pintado de colores el alma. La odontología me ha dado plenitud, la familia es mi ancla, tengo amigos leales, mis alumnos y el trabajo me han acompañado en cada momento. Tenía razón mi padre, cuando decía” Hay que ver para arriba, a las estrellas, si ves para abajo, no pasas de ver la punta de tus zapatos”.

Nota: El libro electrónico “Testimonios de vida y pasión” es de circulación gratuita y se puede descargar en www.testimoniosdevidaypasion.com.

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