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El Dr. David Suárez Quintanilla cree el equilibrio entre una cultura individualista y el bien común está por definirse ya de un lado como consecuencia de la pandemia. (Ilustración: Eduardo Sanín T.)

“La digitalización elimina la realidad”

September 13, 2021

El Profesor David Suárez Quintanilla, líder de opinión y una de las máximas autoridades de la Ortodoncia a nivel mundial, afirma en esta entrevista que la pandemia de Covid-19 ha marcado un cambio en la historia: el paso de la postmodernidad a la era digital. Este cambio trae beneficios y perjuicios. A las ventajas del teletrabajo, opone que la digitalización elimina la realidad de la convivencia. Y a la comodidad y eficiencia futura de la incorporación de escáneres 3D en nuestros teléfonos inteligentes que va a incrementar la teleodontología, el diagnóstico y la planificación on-line, el uso banal de estas tecnologías. Pero lo que más preocupa al Dr. Súarez Quintanilla no son las repercusiones de los avances tecnológicos, sino la urgente necesidad de tomar medidas drásticas para evitar una catástrofe climática que deje a nuestros nietos un mundo en el borde del colapso.

¿Cómo ha cambiado su práctica la pandemia de Covid-19?

La crisis del Covid-19 ha sido doble, sanitaria y económica, y así la hemos padecido en nuestras consultas. A la necesidad de una mayor bioseguridad, incremento de elementos de protección individual y de barreras antivíricas, hemos tenido que añadir la distancia de seguridad entre pacientes y entre éstos y el personal auxiliar, siendo precavidos en la restricción en el número de pacientes que podían estar en la sala de espera o siendo atendidos en una tarde. Los ortodoncistas hemos sufrido un poco más que el resto de compañeros, por ser la nuestra una especialidad prescindible, demorable y no urgente, y porque nuestras consultas suelen ser de mucho movimiento de pacientes con poco tiempo de sillón.

¿Cuáles son los aspectos positivos y negativos de este cambio?

Más adelante haré referencia a los aspectos positivos de esta crisis en la sociedad, pero referente a nuestra profesión, destacar como elemento positivo que el público, más nuestros pacientes, han sido conscientes de la alta profesionalidad de los dentistas, siendo uno de los primeros colectivos en aplicar de manera más integral los protocolos de prevención de los contagios. Ojala, en especial al principio de la pandemia, mis colegas médicos de los centros de salud y atención primaria hubieran tenido las precauciones (mascarilla y guantes) que tenemos desde siempre los dentistas. Los datos de contagio iniciales del personal sanitario han quedado ahí. 

¿Qué tipo de medidas de bioseguridad tiene ahora su clínica?

Pues los estándares que recomienda el Consejo General de Dentistas y las diferentes instituciones sanitarias. Es muy importante que el material barrera, las mascarillas, las pantallas, batas, guantes, gafas y demás elementos de protección personal sean de calidad y garanticen la protección de pacientes y profesionales, más ahora, a pesar de las vacunas, por la alta contagiosidad de las variantes de esta ya Quinta Ola. Además del enjuague con el hipoclorito de sodio al 0,05% y el cloruro de cetilpiridino, vale la pena conocer nuevos colutorios anti-Covid-19, como los recomendados por el doctor Enrique Jadad Bechara recientemente en esta misma revista. 

¿Son los pacientes conscientes de estas medidas?

Los dentistas, sin quererlo, estamos transmitiendo seguridad y tranquilidad a todos nuestros pacientes. Si uno entra en la clínica dental más recóndita del pueblo más escondido de España, se creerá que está entrando en la NASA, todo rodeado de frascos con geles, fundas para los zapatos, pantallas y burbujas plásticas y todo el personal enfundado con sus siderales aditamentos de protección individual. Los dentistas y las clínicas dentales han mantenido unos altísimos estándares de responsabilidad hacia los pacientes, me atrevería a decir que nadie ha escatimado en bioseguridad. No han sido pocos, como nuestro grupo, los que han donado material de bioseguridad a diferentes entidades sanitarias públicas y privadas, en especial al inicio de la pandemia, cuando propios y extraños se vieron sorprendidos por la virulencia de la infección.

¿Cuáles son los efectos de la pandemia en la enseñanza y formación?

La universidad, al menos la mía, ha tenido una respuesta ágil y pertinente a los límites en la comunicación que ha marcado esta crisis. Discentes y docentes nos hemos adaptado con pasmosa plasticidad, si bien a nadie se le escapa el detrimento, en cantidad y calidad, de las prácticas. Quiero felicitar públicamente a los alumnos que han tenido que sufrir en carne propia todos los problemas derivados del confinamiento, el aislamiento y la limitación de alumnos por aula y por prácticas, que han tenido una respuesta comprensiva y solidaria que merece todos los elogios. Las universidades deberíamos de hacer un esfuerzo para ofrecer cursos clínicos gratuitos a aquellos alumnos, hoy ya recién licenciados, que más han sufrido la carencia de prácticas por las medidas anti-Covid-19.

¿Cree que tecnologías como la Inteligencia Artificial o la Realidad Virtual pueden mejorar las prácticas?

Si hay algo claro es que la pandemia va a servirnos como referencia cronológica para separar la postmodernidad, surgida alrededor de la Guerra Fría, de la nueva sociedad digital. Que la realidad virtual y aumentada, la Inteligencia Artificial o la robótica van a favorecer el progreso de la humanidad, no tiene ninguna duda, si bien va a producir daños colaterales, como la obsolescencia de muchas profesiones que puedan ser sustituidas por máquinas o por inteligencia artificial. No caigamos en el buenismo ni sigamos creyendo en los pajaritos preñados, el mundo empresarial está arraigado en un capitalismo cada vez más especulativo y no en ideales o banderas, que es lo que mueve el mundo y produce los seísmos de las revoluciones. La mayoría de empresarios, frente a la revolución digital y robótica, piensan que, a diferencia de los trabajadores, las máquinas no duermen, no comen ni descansan, no enferman, ni se quedan embarazas, siempre se les puede exigir el mismo rendimiento del 100% y pueden ser cambiadas en cualquier momento por otras más baratas pero de mayor rendimiento. En todo caso, y volviendo a la pregunta, no debemos de olvidar el papel del profesor, su capacidad para motivar, con su ejemplo y logros, al alumno; el contacto directo docente-discente, sin una pantalla de por medio, seguirá siendo capital. He visto modernos laboratorios de simulación con realidad virtual en diferentes universidades de todo el mundo y creo que representan una parte muy importante de la formación preclínica, antes de que el alumno tenga que enfrentarse de manera directa y abierta con el paciente real. 

El Dr. Suárez Quintanilla cree que la capacidad para motivar del profesor y el contacto directo con el alumno, sin una pantalla de por medio, seguirá siendo capital en la formación.

¿Cómo se informa ahora sobre congresos, cursos y avances clínicos?

Los datos están sobre la mesa, cada vez más rotativas de periódicos y revistas se paran incrementando las ediciones on-line. Lo digital todo lo inunda y a donde no llega manda recado. La mayoría de jóvenes usa/gasta/desperdicia más de 2,5 horas al día entre las redes y su teléfono móvil. Las nuevas generaciones, hablemos de dentistas o pacientes, viven pendientes de las redes y son ellas las invisibles arterias que los comunican. El uso de estas redes está dividiendo aún más a la sociedad, en una mayoría que las usa para banalidades u obtener información espuria y otra que la utiliza para su formación personal y profesional. Las redes bien utilizadas son una vía muy interesante de aprendizaje. La futura incorporación de los escáneres 3D en nuestros teléfonos inteligentes y el 5G va a incrementar también la teleodontología, el diagnóstico y la planificación on-line.

¿Con qué frecuencia participa en Webinars?

En mi caso, diferentes sociedades internacionales de ortodoncia (Argentina, Colombia, Perú, Guatemala, México, Nicaragua, Bolivia) y la SEORL (Sociedad Española de Otorrinolaringología) me han invitado a participar en su congreso anual de 2021 o en diferentes eventos científicos recientes de manera virtual. En no pocas ocasiones veo participaciones de colegas en congresos virtuales o utilizo plataformas muy profesionales de cursos para mi formación continuada, es un método, con sus limitaciones, muy eficaz. Pero hay que reconocer que todos estamos ansiosos por volver a los congresos presenciales sin distancia de seguridad ni cortapisas para expresar físicamente nuestras emociones. El ritmo de vacunación en España es adecuado y de no haber catastróficas cepas nuevas, o la exigencia de más dosis, creo que el último trimestre de este año ya podremos volver a disfrutar de nuestros congresos en formato tradicional. 

“La pandemia nos ha enseñado los numerosos talones de Aquiles de nuestra sociedad”. 

¿Cree que son útiles estas conferencias online o que han llegado a un punto de saturación?

Ha habido mucho no, muchísimo online y, como en la Viña del Señor, mucho muy malo. Los latinos, a diferencia de los europeos del norte o los asiáticos, llevan impreso el gen de la comunicación y nada hace más feliz a muchos que tener a mano un micrófono o una plataforma audiovisual. Pero una cosa es hablar y otra repartir trigo. El mundo digital que estaba poco a poco formándose y sustituyendo paulatinamente al analógico, eclosionó con el confinamiento; la pantalla del ordenador fue para muchos la única ventana abierta a la profesión y la ciencia durante meses. Todo volverá a la normalidad, con algunos cambios que van a quedar. El futuro de la formación yo lo veo claro y será una mezcla de formación online (aquella que no tiene sentido que sea presencial) y presencial, la que incluirá ejercicios tipo hands-on o tratamiento en directo de pacientes. A nivel personal, como dictante profesional de cursos, ahora combinaré estas dos facetas procurando que los cursos presenciales estén centrados en una actividad práctica del asistente que no pueda ser relegada a internet y, por el contrario, añadiré a mis cursos unas sesiones previas online para ahorrar a los doctores días de desplazamiento. En todo caso, la presencia directa del profesor, si este es un buen profesional y tiene carisma, nada tiene que ver con su versión enlatada.

Recientemente publicó el libro de ensayos “Pienso, luego resisto”, y me gustaría saber cómo ve la repercusión de la pandemia desde el punto de vista de la filosofía.

Decía el filósofo francés V. Jankélévitch que uno puede vivir sin la filosofía, pero no tan bien. La filosofía, como arte de vida, te ayuda a tomar perspectiva frente a tus problemas o los de la humanidad. La pandemia ha supuesto para todos un baño de realidad y nos ha enseñado los numerosos talones de Aquiles que tenía el ciempiés de nuestra sociedad. Vivimos en el mejor mundo de todos los que nos han precedido, palpamos más la desigualdad y el sufrimiento ajeno, incluso de pueblos de nuestras antípodas, porque gozamos de información en directo. Me niego a hacer caso a los mensajes catastrofistas, irreales y disparatados, de reconocidos filósofos que durante la pandemia parecían agitar el candil del loco nietzscheano que predicaba la muerte de Dios, me refiero al coreano Byung Chul Han, el esloveno Slavoj Zizel o el incombustible Noam Chomsky. La pandemia hay que encuadrarla en el concepto de “cisne negro” del matemático e inversor Nassim Nicholas Taleb, como un suceso inesperado que produce consecuencias imprevisibles y de gran magnitud social.

¿Y qué cambios sociales serán producto de la pandemia?

La pandemia ha producido una crisis sanitaria y otra económica, de la sanitaria hay una parte evidente, reflejada en las estadísticas epidemiológicas de infectados, hospitalizados y fallecidos, y otra menos visible relacionada con la integración del individuo en su familia y la sociedad. El confinamiento, la obligatoriedad de convivir estrecha y continuamente, ha puesto de manifiesto la fragilidad emocional de muchos lazos, por eso hoy los centros de salud están llenos de ansiedad y depresión y se han incrementado los problemas intrafamiliares. Lo que la gente ha aprendido muy bien es la necesidad de tener un servicio sanitario público de calidad, de evitar, evidentemente con el pago de más impuestos, los recortes en el ámbito sanitario y la necesidad de invertir más en investigación médica. El uso cotidiano en los medios de comunicación de palabras como epidemiología, incidencia, prevalencia, carga viral, anticuerpos o ARNm, nos habla de una nueva conciencia social hacia la ciencia y la investigación médica y, todo hay que decirlo, una cierta relegación de lo que antes serían novenas, procesiones y rogativas.

El español medio ha visto como frente a una crisis económica aguda y profunda, los gobiernos han sabido reaccionar, poniendo en marcha a nivel local, nacional o europeo medidas de salvaguarda económica nunca vistas. Esto ha introducido en el inconsciente colectivo la idea de una Europa de los pueblos, pero con un trasfondo de protección económica muy importante. Ya no somos la autocracia aislacionista del made in Spain. Pertenecemos a una macroestructura mayor que nos da protección. Si sumamos esto a lo anterior, el proteccionismo estatal sanitario al económico, parece claro que el español medio aceptará una mayor presencia del estado en su vida y, en la parte negativa, se mostrará más rebaño frente a los designios y la intervención directa del mismo a través del 5G. No debemos de olvidar que la digitalización elimina la realidad. El fino equilibrio entre una cultura individualista y el bien común se va a poner a prueba en nuestro inmediato futuro.

Pero lo mejor de la postpandemia, una vez superada esta aguda crisis económica que estamos sufriendo, será el incremento de la solidaridad por la vía de la necesidad. Sea el coronavirus o el cambio climático nuestra siguiente gran crisis, hemos aprendido que o todos nos salvamos o nadie se salva. Si no hay vacunas para África y países de baja renta per cápita, tampoco nosotros vamos a estar seguros. Estoy convencido que esta crisis ha dado lugar a la aparición de una nueva corriente que luche por una mayor sostenibilidad del planeta, una autorreflexión sobre las cosas que valen la pena y las que no en la vida, un hábitat personal y familiar más ecológico, favorecido sin duda por el teletrabajo, con una mejor compatibilidad de la vida laboral y familiar. Se diga lo que se diga, esta no ha sido una crisis del “sálvese quien pueda” al que nos tiene acostumbrados la historia, porque gobiernos y gobernados, por ejemplo, hemos sido conscientes de la necesidad ética en el reparto y los turnos de las vacunas o la necesidad de cuidar primero a los más desfavorecidos de la sociedad. La responsabilidad social es hoy un valor en alza.

“El confinamiento, la obligatoriedad de convivir estrecha y continuamente, ha puesto de manifiesto la fragilidad emocional de muchos lazos, por eso hoy los centros de salud están llenos de ansiedad y depresión y se han incrementado los problemas intrafamiliares”.

No creo, sinceramente, que tras la pandemia se produzca una catarsis colectiva de la sociedad, pero sí profundas reflexiones, tanto individuales como de grupos sociales, que han de combinarse con los cambios tecnológicos que están llamando a la puerta: la inteligencia artificial, la domótica y robótica y el transhumanismo de la interacción cerebro-máquina. Por otro lado, hemos de estar atento al control del Big Data y nuestra manipulación, como usuarios de las redes, como ya hemos visto en la pandemia, y en esto sí estoy de acuerdo con el surcoreano Byung Chul Han, en que el miedo a la muerte crea docilidad.

Usted que tantos cursos da en Latinoamérica, ¿cómo ve su futuro?

A diferencia de Europa, que tras la pandemia y salvando el trauma del Brexit, volverá a una senda de crecimiento económico y se va a establecer, frente a un Estados Unidos en decadencia y una China y Rusia emergentes, como el referente cultural universal, veo que la situación sociopolítica en Latinoamérica va a condicionar su futuro de forma muy grave. Llevo años viajando por el sudeste asiático y Latinoamérica de manera simultánea y me entristece la comparación en crecimiento y bienestar socioeconómico a favor de los países asiáticos. Latinoamérica tiene problemas estructurales, como la corrupción, la violencia latente y el clientelismo político, enquistados en la mentalidad de sus habitantes que ha de superar. No es nada sencillo gobernar países donde una gran parte de la población, justo la que más crece, está en la más absoluta pobreza y tiene poco o nada que perder. Como español veo con tristeza que hay una corriente que quiere extenderse desde El Paso a Ushuaia y es la del populismo socialista e indigenista que bajo una pátina de igualitarismo o de rancio comunismo (como el nuevo presidente rondero de Perú) esconde un espíritu nada democrático y cuyo principal fin es hacer una nueva casta de nuevos ricos (caso de Venezuela o Nicaragua), que con la excusa del indigenismo pueda acabar expropiando los bienes de las industrias y creando un nacionalismo étnico, donde tener rasgos indígenas o hablar quechua, náhuatl, guaraní o aimara sea patente de corso para ser favorecido por el nuevo estado, como también hacen en España sendos gobiernos nacionalistas vasco y catalán. Los países latinos han de aprender de lo ocurrido en Venezuela o lo que hoy está pasando en Cuba o Nicaragua. Latinoamérica tiene que hacer una decidida apuesta por la educación y la lucha contra la desigualdad y la corrupción sistemática.

En definitiva, ¿cuáles son los próximos cambios en nuestro estilo de vida?

No parece casualidad que unida a la preocupación por la Quinta Ola y las nuevas variantes del virus, que obligan a elevar las cifras porcentuales de vacunados para lograr la inmunidad de rebaño, la ONU, a través del IPCC, el Grupo de Investigación de Expertos sobre Cambio Climático, encienda todas las alarmas sobre la evolución del efecto invernadero y el calentamiento global, que se está generalizando y acelerando, pero que en definitiva depende de nosotros. Ya no estamos hablando de reciclar en nuestras clínicas, o tener una mayor o menor sensibilización ecológica con la preservación del planeta, estamos en un nivel donde hay que tomar medidas gubernamentales drásticas para evitar una auténtica catástrofe, para no dejar a nuestros nietos un mundo en el borde del colapso. Los peores augurios para dentro de 50 años, puede que se produzcan ya en 10 y la subida del nivel de los océanos en 2 metros al final del siglo comprometerá la vida de miles de millones de los niños actuales. El efecto sinérgico de la pandemia y el cambio climático se va a traducir, en mi humilde opinión, en uno de los cambios más profundos y radicales de la historia de la humanidad. El temor a la catástrofe, la enfermedad y la muerte crea docilidad social y facilita, desgraciadamente, el intervencionismo estatal y la hipertrofia del Estado. El Estado, y no creo aquí que se tengan que establecer diferencias por países, sustituirá su antiguo respeto a la religión y Dios, por el de la Tierra, considerando un pecado capital de lesa humanidad su ofensa; Gaia será la nueva diosa y se elevará a los altares para su veneración. Va a existir un replanteamiento general del modo de vivir, relacionarse y disfrutar. Las energías renovables no contaminantes, solar y eólica, van a crecer exponencialmente, sustituyendo al carbón y petróleo, y será necesario replantearse la contaminación derivada del ocio y los infinitos viajes en avión innecesarios de gran parte de la humanidad. En pocos años, se van a poner barreras tanto para el uso del propio vehículo en las ciudades y para desplazamientos cortos, para viajar, como para el acceso a determinados parajes naturales. Me atrevo a decir que en los próximos veinte años habrá un rediseño de la vida en las ciudades y la manera de desplazarse en ella. La odontología se volverá más ecológica y reevaluará, por ejemplo, el uso indiscriminado o rutinario de la radiología o determinados materiales, cuestionados biológicamente, en las resinas, férulas o alineadores que han de llevar durante años los pacientes.

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NOTA: El Dr. David Suárez Quintanilla es catedrático de Ortodoncia de la Universidad de Santiago de Compostela (España), expresidente de la European Orthodontic Society y vicepresidente del área de Ortodoncia de la International Association for Dental Research. En sus treinta años dedicados a la Ortodoncia, ha creado procedimientos como la Técnica SWLF (Straight Wire Low Friction). Además es autor de libros como "Ortodoncia. Eficiencia Clínica y Evidencia Científica” y “Pienso, luego resisto”.

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Javier Martínez de Pisón es Editor y Director de Dental Tribune Latinoamérica.

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