Dental Tribune Latin America
El autor afirma que sí cree en la estética, pero en una estética racional, justa, buena, que no genere daño a la integridad del paciente. (Foto: Françoise Zayas)

No es personal

By Enrique Jadad Bechara
June 11, 2021

El mundo está en una debacle porque perdimos el rumbo. Se promueve incesantemente el culto al cuerpo, a un cuerpo artificial que no es natural, donde no escapa ni la boca. Yo veo un 90% de tratamientos dentales innecesarios, aquellos que nadie siendo un profesional con criterio le haría a un hijo.

La odontología dejó de tomarse como una ciencia para proporcionar salud y mantener los dientes en boca en el mejor estado posible, para pasar a ser un negocio lucrativo mediante un bombardeo de imágenes en los medios de comunicación.

Hoy pienso lo mismo que cuando me recibí de odontólogo. Aprendí que la odontología curaba, no que destruía. Me enseñaron que teníamos que conservar los tejidos a como diera lugar, no que teníamos que destruirlos. Es triste ver que hoy por dinero destruyen, por eso me hago una y otra vez esta pregunta: ¿Dónde queda la función oclusal, muscular, articular?

Me impresiona percibir que los colegas que realizan esos mal llamados Diseños de Sonrisa saltan iracundos apenas sienten que no les gusta lo que expreso. No sé porque tienen que tomar mis conceptos de manera personal, solo quiero que se entienda que la ética NO es negociable.

"Cuando me expreso lo hago en forma general, sin señalamientos personales, y lo que expreso es mi repudio a una práctica irresponsable de la odontología".

El problema real es que muchos ortodoncistas, periodoncistas, odontólogos generales que han hecho algún “curso” de fin de semana se metieron a hacer rehabilitación y estética. Creo que cada uno tiene una especialización por algo, o al menos se han debido preparar adecuadamente para hacer sus menesteres, y por lo mismo, las competencias de cada uno son diferentes.

Cuando no se realizan procedimientos bien planeados y ejecutados, por falta de conocimiento y experiencia es cuando aparecen malos resultados. Se está generalizando todo, cuando para cada caso hay diferentes opciones. El tema real es que los odontólogos por dinero están siendo “toderos”, esto significa que realizan cualquier tipo de procedimiento con la única finalidad de ganar dinero. Cuando nos metemos a hacer lo que no es de nuestra competencia se presentan las complicaciones y los fracasos.

El número de personas que quieren esos estereotipos de belleza, aún a sabiendas que no es lo normal, está creciendo. Sueñan con tener y mostrar dientes blancos y enormes, como quienes se hacen todo tipo de cirugías y retoques creyendo que serán más felices. Ahí es cuando aparecen esos colegas que se aprovechan de la situación y de los deseos irracionales de los pacientes.

Es más rápido hacer carillas o coronas que un tratamiento de ortodoncia. Y cuando expreso que por nada del mundo desgastaría esmalte sano o haría carillas a quien no lo necesite, varios colegas responden que, si no se lo haces tú, el paciente encontrará otro que se lo haga. A continuación algunas expresiones de colegas: “el paciente lo pide”, “el paciente firmó un consentimiento informado” o “el paciente es el que paga y quien decide su futuro”. Nada de esto es excusa, nada de eso justifica la falta de ética.

Cuando me expreso lo hago en forma general, sin señalamientos personales, y lo que expreso es mi repudio a una práctica irresponsable.

Quiero especificar que sí creo en la estética, pero en una estética racional, justa, buena, que no genere daño al periodonto, a las estructuras dentales ni a la integridad del paciente.

Muchos de esos “tratamientos” violan el espacio biológico, lo que genera gingivitis inicialmente y posteriormente enfermedad periodontal, que lleva a sufrir o coadyuvar enfermedades sistémicas como el Alzheimer.

¿Será que no le explican al paciente que esas carillas toca cambiarlas y que no son eternas? ¿Que la posibilidad de que algún día terminen en coronas es alta? Con ortodoncia, aclaramiento y, si acaso, un arreglo de los bordes incisales, la mayoría de las veces es suficiente.

La odontología estética existe y existirá siempre. Lo malo no son las carillas, que son una opción de tratamiento que bien realizada funciona perfectamente; lo malo es que la estética se volvió trabajo de todos, se obtiene un diplomado y boom, a todo el mundo le quieren vender “diseños”.

El paciente va por un cambio de color en un 11 por un trauma y terminan llenándolo de carillas de canino a canino para “emparejarle el color de los dientes”. Eso significa dos cosas: 1) somos incapaces de manejar diente único en el sector anterior, para lo cual se necesita más entrenamiento y actualización, 2) le quieren sacar como sea dinero al paciente.

Cuando le digo a un paciente que no le haría un procedimiento de esos, algunos entienden, otros no. Les hablo de la importancia de mantener sus dientes naturales o de la opción de ortodoncia, de odontología mínimamente invasiva; algunos entienden y otros van a otro profesional y se los hacen. Yo sigo en mi posición, les digo que no, porque prefiero tener mi conciencia limpia.

Es cierto que el paciente es dueño de su boca, pero también puede ser dueño de una terrible ignorancia, y en ese caso, ¿quién mejor que nosotros para informarle de qué es lo mejor para el paciente, aunque vaya en detrimento de nuestros intereses económicos?

Aunque tengas toda la tecnología del mundo y aunque uses los mejores materiales, si no lo haces de la manera correcta y respetando la biología, el fracaso llegará, tarde o temprano, pero llegará.

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El doctor Enrique Jadad Bechara, Especialista en Rehabilitación Oral, investigador y conferencista con práctica privada en Barranquilla (Colombia), es Fundador y Director Científico de Helident Training Center en Sevilla, España. 

 

 

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