Djokovic y las vacunas

El caso del tenista Novak Djokovic ilustra el debate entre la libertad individual y la libertad general de una comunidad.

Sat. 8. January 2022

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Las libertades individuales son una parte fundamental de los derechos del ser humano. En los sistemas democráticos, nos permiten elegir a las personas que dirigen los municipios, las provincias o el país donde vivimos. Por el contrario, en los países no democráticos son personas que han llegado al poder sin ser elegidos […]

   OPINION   

Las libertades individuales son una parte fundamental de los derechos del ser humano. En los sistemas democráticos, nos permiten elegir a las personas que dirigen los municipios, las provincias o el país donde vivimos. Por el contrario, en los países no democráticos son personas que han llegado al poder sin ser elegidos quienes toman decisiones políticas, económicas y sociales por nosotros. En el primer caso las personas pueden elegir lo que quieren ser y hacer, mientras que en el segundo es algo que se les impone sin más.

Las libertades individuales se convirtieron en un derecho a partir del siglo 20, derecho que actualmente aparece recogido en la constitución de la mayoría de los países democráticos. En Estados Unidos, por ejemplo, políticos como el presidente Jimmy Carter propagaron a nivel internacional una política de Derechos Humanos que prohibía que el país hiciera negocios con regímenes que no respetaban las libertades de sus ciudadanos.

La defensa de estas libertades es actualmente un paradigma de la política occidental. Por eso, el debate entre los partidarios de la vacunación y los antivacunas o negacionistas no es tan simple como podría parecer.

Desde un punto de vista sanitario, está claro que médicos, odontólogos o enfermeros deben estar inmunizados para evitar la posibilidad de contagiar de coronavirus a las personas bajo su tratamiento. Si no es así, un enfermo se enfrenta innecesariamente, además de a los estragos de su dolencia, al riesgo de las complicaciones que le puede causar la infección por un virus transmitido por quien se supone que lo sane. Esto acarrea responsabilidades éticas y legales para el personal sanitario que contagie a un paciente y para la clínica u hospital donde ello ocurra.

A su vez, las medidas obligatorias sobre vacunación deben considerar que las personas de una comunidad tienen libertades individuales y que una de ellas puede ser no querer ser vacunado por razones políticas, religiosas o históricas.

Desconfianzas justificadas

Durante los 20 años que viví en Nueva York, escribí para diversas publicaciones norteamericanas, latinoamericanas y españolas sobre política, literatura, arte y medicina. Como Director durante casi 10 años de la revista de investigación “Médico Interamericano”, la de mayor circulación en español con una distribución de 40.000 ejemplares mensuales, me tocó debatir temas de actualidad en esa época como la epidemia del SIDA o el movimiento antivacunas, que afirmaba sin pruebas que las vacunas podían causar autismo en los niños.

La revista era parte del Colegio Interamericano de Médicos y Cirujanos, institución que obtuvo una serie de becas del gobierno federal para educar a los médicos hispanos en los Estados de Nueva York, Nueva Jersey y Florida a detectar pacientes seropositivos a VIH y referirlos para su tratamiento a especialistas.

La razón por la que el Departamento de Salud de Estados Unidos otorgó estas becas se debía a dos razones primordiales: la necesidad de ampliar la detección del VIH en comunidades minoritarias como la hispana y la afroamericana a través de un medio de gran difusión entre los médicos de esas raíces étnicas y raciales y, la gran desconfianza existente, especialmente entre la población afroamericana, a seguir las directrices gubernamentales sobre temas sanitarios. Esta desconfianza estaba más que justificada en los abusos médicos cometidos por el gobierno de Estados Unidos en el “Experimento Tuskegee”, en el que durante 40 años (1932 – 1972) el Departamento de Salud y el Centro para la Prevención y el Control de Enfermedades estudiaron los casos de 400 afroamericanos que sufrían de sífilis sin ofrecerles tratamiento médico o recentándoles placebos. Más de 100 personas murieron por sífilis no tratada existiendo tratamientos para curarla.

Si bien se trata de un caso extremo, el “Experimento Tuskegee” explica claramente porqué la comunidad afroamericana en Estados Unidos no suele aceptar las directrices en materia de salud dictadas desde Washington. Cito el nefasto ejemplo del “Experimento Tuskegee” para mostrar que, además de las decisiones individuales sobre un tema sanitario, pueden existir también razones históricas para rechazar medidas como la obligatoriedad de la vacunación contra el covid-19.

La exención a la vacunación se da por motivos médicos, como reacciones alérgicas o enfermedad cardíaca.

El caso reciente más notorio de rechazo a la vacunación es el del tenista serbio Novak Djokovic, a quien las autoridades impidieron la entrada en el país para participar en el Open de Australia por no estar vacunado. Djokovic, número uno del tenis mundial, tenía una exención médica de la Federación Australiana de Tenis para participar en el torneo, que las autoridades federales australianas de inmigración no reconocieron como válida a su llegada al aeropuerto. La exención a la vacunación se da por motivos como reacciones alérgicas, enfermedad cardíaca o haber pasado la enfermedad en meses recientes. Esto último es lo que alegó Djokovic cuando solicitó la exención.

Según las leyes locales, todos los viajeros que quieran viajar a Australia deben estar vacunados y quienes lleguen al país sin vacunar deben pasar 14 días de cuarentena. El caso Djokovic ha planteado, además el supuesto favoritismo que se la habría dado al tenista con la exención médica, en un país igualitario y respetuoso con los derechos individuales, que ha pasado dos años bajos fuertes medidas de aislamiento para detener la transmisión del virus SARS-CoV-2. En el otro lado de esa balanza están los beneficios económico que una estrella como Djokovic produce cuando compite en un torneo como el Open de Australia, que lleva ganando durante tres veces consecutivas.

Rafa Nadal, eterno rival de Djokovic con quien está empatado a 20 torneos de Grand Slam en su carrera, manifestó que el serbio conocía de sobra las reglas para entrar en Australia. Nadal, que se infectó de covid-19 recientemente, tuvo que mantener una cuarentena. El caso Djokovic ilustra el debate entre la libertad individual y la libertad general de una comunidad. En estos casos, las leyes deben defender siempre el bien común de la mayoría para evitar que una enfermedad tan contagiosa como el covid-19 se siga propagando.

Dicho de otra manera, es importante respetar las libertades individuales de todas las personas, pero estas libertades no pueden poner en peligro la salud pública de toda una comunidad. Cuando eso pasa, estamos en la misma situación que cuando un Estado totalitario, dirigido por un puñado de personas no elegidas democráticamente, nos quieren imponer por la fuerza su voluntad.

Pero por ahora, con la decisión de un juez a su favor, Novak Djokovic le ha ganado el primer set en el "torneo de la vacunación" a las autoridades australianas, que, no obstante no parece que vayan a darse por vencidas y están estudiando cómo lanzar un "ace" en su próximo servicio. No va a ser nada fácil contra el número 1 del mundo, que ha visto ir y venir numerosas voleas.

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Javier Martínez de Pisón, Editor y Director de Dental Tribune Latinoamérica desde 2007, es un editor y periodista especializado en temas médicos, culturales y políticos con una reconocida trayectoria profesional en Estados Unidos, Europa y Latinoamérica.

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