Foto_01_Cristian Bravo.jpg Cristián Bravo Palma, decano de Odontología de la Universidad de los Andes (Chile), durante una ponencia. Fotos: cortesía de Cristián Bravo
Cristián Bravo Palma, decano de Odontología de la Universidad de los Andes (Chile), defiende una enseñanza exigente que combine innovación, ética y vocación de servicio.
En esta entrevista el Dr. Bravo aborda la salud bucal chilena, la colaboración con España y los límites de la tecnología.
¿Qué distingue la formación de odontólogos en la Universidad de los Andes?
Buscamos combinar la excelencia profesional con el trato al paciente. Queremos egresados a la vanguardia del conocimiento y de la tecnología, pero que pongan esas capacidades al servicio de las personas.
“La excelencia adquiere sentido cuando se traduce en una mejor experiencia para el paciente”.
La formación incluye antropología, ética y bioética, porque también aspiramos a formar buenos ciudadanos. Ese sello institucional pretende que la competencia científica nunca se separe de la atención personal. La excelencia adquiere sentido cuando se traduce en una mejor experiencia para quien acude a la consulta.
Vistas del campus de la Universidad de los Andes, en Santiago de Chile.
¿Qué motiva a los jóvenes a estudiar odontología?
Fundamentalmente, el espíritu de servicio. Muchos quieren ayudar a los demás y participan desde temprano en iniciativas sociales. También buscan el rigor científico e intelectual: quieren desafíos y desarrollar su inquietud científica. Naturalmente, valoran que sea una profesión que permita una retribución justa. La participación en trabajos comunitarios permite que ese compromiso se exprese antes incluso de iniciar el ejercicio profesional.
¿Cómo se organiza la carrera y qué relación tiene con España?
Nuestra carrera dura once semestres, frente a los diez de España. Las mallas son semejantes: formación básica, preclínica o simulación, práctica clínica y tesis final. Esa cercanía curricular ha permitido desarrollar un programa de doble titulación con la Universidad Internacional de Cataluña (UIC Barcelona). La estructura combina conocimientos y habilidades progresivamente, de modo que el estudiante llegue a la atención clínica con una preparación sólida.
“Es el odontólogo quien da instrucciones a la máquina, no al revés”.
¿Qué revela la situación de la salud bucodental en Chile?
Publicamos un estudio nacional sobre niños de seis años, después de veinte años sin información de ese alcance. Encontramos que el 55 % presenta caries. Hay diferencias según el nivel socioeconómico y el acceso a la atención. Existen programas públicos dirigidos a embarazadas, niños y jóvenes, y atención integral a los 60 años, aunque la cobertura y la recuperación de la salud bucal siguen siendo limitadas. El dato obliga a mirar más allá de los promedios: las desigualdades sociales también se reflejan en la boca de los niños. La prevención y la continuidad asistencial son desafíos decisivos.
¿Cuál es el mayor desafío para la enseñanza universitaria?
La odontología es una práctica clínica y también moral. Cada decisión afecta la dignidad y la autonomía del paciente. Frente a la presión por la productividad, las redes sociales y el consumo en salud, debemos enseñar a deliberar con prudencia. Eso exige profesores que den ejemplo e incorporen la ética a todas las asignaturas, junto con una innovación curricular evaluada rigurosamente. No basta con añadir una asignatura aislada: la dimensión ética debe hacerse visible en la conducta docente, en la clínica y en la manera de evaluar.
Estudiantes y profesionales desarrollan actividades clínicas en las instalaciones docentes.
¿Qué aporta la colaboración con la Universidad Internacional de Cataluña?
Llevamos años intercambiando estudiantes para prácticas clínicas y colaborando en posgrado, docencia e investigación. La doble titulación, que se encuentra en su tercer año de implementación, permite obtener títulos de ambas universidades. Para nuestros alumnos, el itinerario contempla cuatro años y medio en Chile y los dos últimos en Barcelona. También hay una vía de acceso para estudiantes españoles. Estos intercambios permiten conocer otras realidades sanitarias, comparar estándares y establecer relaciones duraderas entre profesores, estudiantes e investigadores.
La práctica clínica ocupa un lugar central en la formación de los futuros odontólogos.
¿Puede la industria tecnológica terminar dirigiendo al odontólogo?
No. La odontología digital ordena procesos, libera tiempo y permite controles de calidad. Pero quien conoce las necesidades, las circunstancias y los deseos del paciente es el profesional. Es el odontólogo quien da instrucciones a la máquina. La tecnología debe estar al servicio del paciente: la relación humana entre ambos no puede imitarla una máquina. Una herramienta puede mejorar la precisión o la eficiencia, pero no reemplaza el juicio clínico ni el conocimiento de las circunstancias personales y sociales de cada paciente.
“Los alumnos buscan maestros que sean ejemplos de vida”.
¿Qué espera de la reunión de FIEFO en Santiago?
La Federación Internacional de Escuelas y Facultades de Odontología permite compartir experiencias en investigación, docencia, intercambios y acreditación, con especial atención a la formación ética. Esperamos debatir sobre investigación clínica, cariología y currículos, además de presentar la experiencia chilena. Para mí es un honor recibir a decanos y directores de distintos países y fortalecer la amistad académica. La reunión también será una oportunidad para aprender de otras facultades y examinar cómo incorporar buenas prácticas a la enseñanza.
Un equipo colabora en la revisión de imágenes dentales digitales durante una sesión clínica.
¿Qué le ha dado personalmente la odontología?
Me ha permitido estar en contacto con las personas y servir a los demás. De niño quería ser profesor; hoy puedo enseñar en la universidad y educar también a mis pacientes. Disfruto de la clínica, de ver crecer a los estudiantes y de contribuir a la investigación. Cada ámbito ofrece una forma diferente de servicio. En la consulta, esa satisfacción es inmediata; en la docencia, aparece con los años, cuando uno comprueba el desarrollo profesional y humano de sus antiguos alumnos.
Los doctores Luis Grisolía, vicedecano de la FO de la Universidad Francisco Marroquín, izquierda; y Estuardo Mata, presidente de FIEFO, derecham entregan un reconocimiento a Cristián Bravo de la Universidad de los Andes.
¿Qué aconsejaría a estudiantes y profesores?
A los nuevos odontólogos, que sigan formándose y no olviden la dignidad de cada persona. El éxito no se mide solo por los resultados materiales, sino por la satisfacción de haber trabajado bien. A los docentes les pediría exigencia y acogida, alegría e integridad: los alumnos buscan maestros que sean ejemplos de vida y que transmitan esperanza. También deben cultivar la prudencia, la confidencialidad, la honestidad y la afabilidad, cualidades que acompañan al profesional dentro y fuera de la clínica.
NOTA
Esta entrevista se publicó originalmente en la revista “Odontólogos de Hoy” y se reproduce por su interés para la comunidad latinoamericana.
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