Dental Tribune Latin America

Aseguramiento de la calidad en la práctica odontológica

By Lupe Salazar Zurita
February 13, 2020

La doctora Lupe Salazar Zurita, Presidente de la Federación Odontológica Latinoamericana (FOLA), organización gremial que agrupa a las asociaciones odontológicas nacionales de América Latina, comienza una columna en Dental Tribune en la que reflexiona sobre la calidad de la profesión.

Hoy me presento ante ustedes como una colega que ha recibido la distinción y la responsabilidad de representar y liderar un gremio de profesionales. Esa representación y ese liderazgo suponen, no dirigir ni mandar, solo coordinar los esfuerzos que en su conjunto realicen todos los profesionales de la odontología latinoamericanos para llevar adelante intereses comunes en beneficio de la práctica y profesión odontológica.

Yo entiendo que cumplo una función dentro de un proyecto de equipo, dirigido al logro de ciertos objetivos que supongan una mejora, que aporten Calidad. Quiero detenerme a resaltar ese aspecto de calidad en nuestra profesión. El concepto de calidad está siempre presente en la discusión sobre la oferta de bienes y servicios en nuestras sociedades, así como en el desempeño de funciones a lo interno de una organización. La búsqueda de la calidad parece ser otro más de los eslóganes de la a menudo catalogada como “sociedad de consumo”, esa comunidad de intereses en la que diariamente convivimos.

No pretendo ser crítica de cualquier concepción de calidad ni de su supuesto uso “light”. Al contrario, quiero que nos centremos en la importancia que la calidad ocupa en la práctica de nuestra profesión, al punto que seamos conscientes del lugar central que debe tener. Para ello, me permitiré confrontarles con algo de Historia. No se preocupen, no va a ser mucha Historia, sólo la suficiente…

En casi todos los pueblos donde empiezan a darse ciertos rasgos de vida civilizada, empiezan a aparecer grupos de especialistas, que hacen una práctica mercantil constante el ofrecer un servicio repetido y único a quien lo necesite. No voy a explicarles porqué esto sólo sucede cuando aparece eso que llamamos civilización, basta con reparar en esa coincidencia. Este servicio especializado es necesariamente rudimentario, y la diferencia de este mercader frente a otros mercaderes es que ha decidido sólo ocupar su tiempo resolviendo uno de los problemas de sus posibles clientes. En el caso de nuestra profesión ese problema es la boca y sus dolencias.

Cómo harían esos proto-odontólogos para más o menos satisfacer a sus “pacientes”, desde nuestra perspectiva es difícil imaginarlo, al igual que para una mente empirista es imposible entender cómo alguien puede confiar en los rituales de un médico brujo. Pero qué diferencia al médico brujo del que he llamado “proto-odontólogo” y de nosotros, los odontólogos contemporáneos con sus distintas especialidades. ¿Qué de verdad ha cambiado? Dirá alguno que el conocimiento ha cambiado, lo cual es irrefutable; sin embargo, yo añadiría que hay otro factor importante: el trabajo coordinado dirigido a la calidad.

¿De dónde sacamos la idea de que la medicina era un ejercicio empírico? Creo que entendemos el proceso para que esto se diera, queremos que la boca preserve ciertas condiciones, así que observamos y practicamos, hasta que llega un momento en que identificamos que la combinación de ciertos factores hace posible preservar algo a lo que denominamos salud dental. ¿Nuestra tarea se detiene allí? ¿El proto-odontólogo se detuvo allí? La respuesta es un rotundo NO. ¿Por qué seguir si ya tenemos una forma de lograr un cometido? Porque siempre pueden existir mejores formas, más eficientes, menos costosas, menos complicadas, menos dolorosas. Cada vez que nuestros antecesores y usted y yo logramos añadir uno de esos menos, estamos añadiendo calidad al servicio que ofrecemos.

Aquí no solo hay conocimiento adquirido, aquí hay trabajo acumulado por generaciones, aquí hay coordinación entre colegas y otros profesionales que apoyan nuestra labor, aquí en definitiva hay trabajo en equipo. Sin ese trabajo en equipo nuestra capacidad para añadir calidad a nuestro trabajo se restringe enormemente; en cambio, con trabajo en equipo esa capacidad se desborda, aumenta de forma acelerada, ¡exponencialmente!

Y no necesariamente más calidad es más conocimiento. Que una actividad sea compartida entre varios profesionales especialistas no cambia el conocimiento que tenemos de esa actividad, pero sí facilita su práctica, nos permite, si me permiten la charla económica, distribuir mejor los costes y reducir los tiempos de atención. Esto es calidad.

No pretendo abrumarles con más teoría, ni conceptualizaciones. Espero que esta reflexión sea suficiente para que todos los lectores, por su cuenta, se den cuenta del rol central que ocupa el trabajo en equipo en el ejercicio de su profesión, y que sepan que todo eso se debe a la constante búsqueda por la calidad.

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La doctora Lupe Salazar Zurita, Profesora Titular de Clínica Integrada de la Facultad de Odontología, Universidad de Panamá, es Presidente de la Federación Odontológica Latinoamericana (FOLA).

 

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