Hacia dónde se dirige la odontología

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Hacia dónde se dirige la odontología

Una odontóloga de la clínica de la Universidad de Barcelona atiende a una paciente. (Foto: UB)
Josep Maria Ustrell

By Josep Maria Ustrell

vie. 1 julio 2022

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Formación en Odontología 3 – Este es el tercer artículo de nuestra serie sobre los retos de la educación odontológica en el siglo XXI.

— RETOS DE LA EDUCACION ODONTOLOGICA EN EL SIGLO XXI —

Serie de 12 artículos de Dental Tribune

El Director de la Escuela de Odontología de la Universidad de Barcelona, Josep Maria Ustrell, y el Decano de la Facultad de Medicina y Enfermería de la Universidad del País Vasco, Joseba Pineda, proponen en este ensayo una series de iniciativas para modernizar el sistema de enseñanza de la Odontología, que involucra tanto al alumnado como al profesorado universitario, las cuales combinan la formación tecnológica con el humanismo, que es algo muy importante de lo que se han olvidado muchos planes de estudio.

1. Introducción

En pleno siglo XXI, los avances en la evolución de los conceptos prácticos y de conocimiento teórico que se están introduciendo en la odontología nos plantean una reflexión profunda, invitándonos a introducir mejoras en el plan de estudios de odontología. En este sentido, Fuentes y Riquelme afirman que el proceso de renovación curricular es un mecanismo de protección de la calidad formativa del futuro profesional.

Dado el carácter regulado al que habilita la obtención del título de Odontología, para el ejercicio de la profesión de Dentista, los distintos planes de estudios actualmente vigentes en las universidades españolas están basados en una resolución de 2008 de la Secretaría de Estado de Universidades e Investigación, en la que se establecen las condiciones de los planes de estudios para obtener dicho título. Asimismo, la Orden CIN/2136/2008[1] establecía los requisitos para la verificación de los títulos universitarios oficiales para el ejercicio de la profesión de Dentista, describiéndose los objetivos, competencias y módulos que los estudiantes debían adquirir en las materias del plan de estudios. Es evidente que en los últimos catorce años se han producido grandes cambios en esta profesión, muchos de los cuales se deben al avance tecnológico. Y también es patente la creciente necesidad de converger los planes de estudios con las directrices de las sociedades de odontología europeas, dado que el título tiene validez para trabajar en toda Europa.

Los planes docentes de las diferentes materias se revisan anualmente en todas las universidades pero, aun así, en diversas reuniones de la conferencia de decanos y responsables de odontología de las universidades españolas se ha expresado la necesidad de una revisión global de las bases sobre las que se sustentan todos los planes de estudios, debido precisamente a que han quedado desfasadas algunas de las competencias que debe adquirir el alumnado en las distintas materias y, además, porque nos hemos olvidado de algo muy importante: modo en que podemos entrelazar los avances tecnológicos con el humanismo. Existe, por tanto, una demanda creciente para modificar las directrices en las que se basan los planes de estudios. La finalidad de estos cambios sería mejorar y actualizar el listado de competencias y módulos de los planes que habilitan al título hacia una odontología más moderna, más cercana a la realidad europea y más enraizada en los sustratos comunes con otras ciencias biomédicas, que sepa recoger un mayor peso de la formación tecnológica y un mayor compromiso ético y humanista.

2. Docencia y plan de estudios

En términos globales, los primeros cursos académicos se deberían orientar al aprendizaje de los conocimientos básicos de las ciencias médicas con una incursión de primer contacto con los temas propios de la odontología para, en el curso intermedio, impartir la teoría y la práctica preclínica, que preparará a los estudiantes para la práctica clínica de los dos últimos años, en los que entrarán de lleno las nuevas tecnologías diagnósticas y terapéuticas.

Son varias las materias que deberían tener una alta consideración en cuanto a su importancia dentro del plan de estudios y no son precisamente las técnicas, porque los progresos en las distintas áreas pueden actualizarse sin modificar el título de la asignatura. Son materias que podrían aplicarse a cualquiera de las enseñanzas de las Ciencias de la Salud, aunque vamos a justificarlas dentro del área odontológica.

Siendo la Anatomía la ciencia que estudia la estructura de los seres vivos, ha de ser la base del conocimiento que deben adquirir los alumnos recién incorporados en los estudios universitarios, por ello es en los primeros semestres del Grado donde se debería ubicar la “Anatomía y Embriología Humanas”, que se complementaría con la “Anatomía y Embriología del Aparato Estomatognático”. Específicamente se debería impartir la “Anatomía y Embriología del Sistema Dentario” como asignatura obligatoria[2],[3]. En este sentido, una buena opción sería asumir la que tienen en el plan de estudios de odontología la Universidad de Porto, en el cual se imparte una Anatomía para un conocimiento general (dividida en I y II), además de una Anatomía e Histología (dividida en I y II), en la que se contemplan los objetivos del aprendizaje y obtención de conocimientos sobre el desarrollo embriológico de los dientes y del macizo craneofacial y la morfología de los dientes deciduos y de los dientes permanentes.

Después del conocimiento morfológico del aparato bucodental deberemos poner las bases para aprender cómo aplicar las terapéuticas a quienes padecen enfermedades bucales. Aquí será la Psicología, como ciencia que debe explicar la conducta de los pacientes y la de los profesionales, la que nos ayudará a afrontar esta interacción entre ambos. Para este estudio, en los primeros semestres del Grado se debería estudiar una asignatura denominada “Psicología y Comunicación” que sería útil para principiantes, aunque sólo fuera una iniciación. Esta asignatura se podría complementar con otra materia de “Psicología Aplicada” a impartir en cuarto curso, cuando los alumnos deben entrar en contacto con los pacientes en la clínica odontológica.

El edificio de la Facultad Odontología de la Universidad de Barcelona. (Foto: UB)

También deberíamos introducir una Odontología Biomédica, porque eso permitiría disponer de unos conocimientos amplios y recursos útiles en la consulta del dentista. Esta formación biomédica debería basarse en aquella patología general que debe dominar el odontólogo, si es necesario con la inclusión de algunas prácticas clínicas equivalentes a la de los estudiantes de medicina y enfermería. En el País Vasco, Aguirre[4] hizo una reivindicación en el mismo sentido solicitando que se considerara la permanencia de los estudios de Odontología junto a los de Medicina y Enfermería para que todas las titulaciones estuviesen unidas[5].

Relacionado con el punto anterior, de vital importancia sería que el alumnado realizara una rotación en el Servicio de Urgencias de un hospital general, con la finalidad de prepararlos frente a cualquier necesidad de actuación vital del paciente. Es más, se debería contemplar la necesidad de una formación continuada de por vida, como muy bien expresaba José María Eiros en la entrevista de Patricia Puértolas, con una evaluación periódica que debería llevarse a cabo junto con las universidades. Gutiérrez de Guzmán daba mucha importancia a que las sociedades científicas trabajaran a favor de esta formación postgraduada: Esta profesión incorpora una serie de agentes muy activos, que afortunadamente para nada dependen de los políticos y funcionan extraordinariamente bien, que son las sociedades científicas.

Además, las nuevas directrices de planes de estudios deberían incluir, con un peso sustancial, la mayoría de las áreas de la odontología que conforman el grueso principal de la odontología, las cuales no podemos detallar en este momento. Sí merece la pena recalcar la relevancia de incluir formación sobre el tratamiento de los considerados “pacientes especiales” o que necesitan de una atención clínica muy especializada.

De vital importancia sería que el alumnado realizara una rotación en el Servicio de Urgencias de un hospital general, con la finalidad de prepararlos frente a cualquier necesidad de actuación vital del paciente.

Tampoco podemos olvidar la capacidad legal que tiene el odontólogo de recetar medicamentos sujetos a prescripción médica. En este sentido, debe haber un peso suficiente en la formación de las bases del tratamiento farmacoterapéutico y es importante incluir una formación específica en aquellos medicamentos que son de uso habitual para el dentista, como analgésicos, anestésicos y antibióticos. El dentista tiene una responsabilidad legal y ética muy importante en el buen uso de los medicamentos y, en algunos aspectos especiales su papel es crucial para la salud comunitaria, como en la prevención de resistencias a antibióticos.

Dentro de los planes de estudio hemos de tener en cuenta las materias denominadas transversales como son las humanísticas. Baños acredita que la lucha tradicional por los créditos docentes de los profesores universitarios, limita la implantación de estas disciplinas y propone que su contenido se integre como un método pedagógico más, en las disciplinas curriculares ya existentes.

Años atrás se impartía la asignatura de Documentación y su olvido en algunas universidades ha conllevado una disminución de la calidad en los estudios, porque era un excelente apoyo para los trabajos de Fin de Grado y preparaba para la presentación de artículos al futuro profesional o docente. Asimismo, debido a la importancia actual de las publicaciones para el currículum en el ascenso de la categoría docente y el ranking de las universidades, creemos fundamental la incorporación de estos contenidos y competencias en todas las universidades.

También la Gestión, que se acostumbra a incluir con la Ergonomía, debería tener la consideración de obligatoria, por su importancia con los cambios de las leyes estatales y europeas. Una opción sería unirla a la Legislación y, como complemento de ésta, a la Odontología Forense. Es fundamental que se desarrollen conocimientos, competencias y capacidades para comprender las normas y la legislación que reglamentan el ejercicio profesional, ya sea el público como el privado. Igualmente, reivindicamos la Historia como patrimonio de una profesión y para el conocimiento del legado de nuestros maestros, además de facilitar la comprensión de las técnicas actuales mediante su evolución en el tiempo.

Se deberá procurar un espacio indispensable para la Sostenibilidad. Hoy en día ya no hay dudas y estamos suficientemente sensibilizados en la relación directa de la salud global del planeta con la de las personas, y es por ello que el tema de la Sostenibilidad ambiental forma parte de la educación universitaria, de modo que preste atención en la prevención de las enfermedades, la promoción de la salud, la educación sanitaria de la población y la utilización de materiales y procedimientos que comporten el menor impacto ambiental posible[6].

Por último, y no menos importante, es dar cabida a los valores de la profesión mediante la Ética y el Profesionalismo. En los últimos tiempos, la ética aplicada o deontología profesional ha adquirido especial relevancia y, como profesionales de las ciencias de la salud, no podemos olvidarnos de la existencia y la envergadura de los valores éticos en nuestra práctica profesional. Se nos presentan múltiples situaciones donde los valores están presentes, de forma implícita o explícita, lo que nos invita a reflexionar, hablar, debatir, trabajar y actuar con las personas que atendemos y con nuestros colegas.

Buxarrais subraya que, a partir del cambio de siglo, se observa un interés por los temas emocionales en la educación moral y en valores, y opina que relacionar la educación moral con la educación emocional supone enfatizar la idea de que la educación consiste en ofrecer respuestas a todas las dimensiones de la persona, para poder desarrollar la coherencia entre el pensar, el sentir y el hacer. Hemos llegado a una situación en la que se ha considerado indispensable la educación emocional y así se expresa en la ley de educación LOMLOE[7] con la expresión “educación emocional y en valores”.

El criterio clave de la ética profesional es la buena intervención en el acto sanitario, y tiene que centrarse en la reflexión crítica frente a situaciones dilemáticas de la práctica profesional, más que en la simple transmisión de códigos normativos o de buenas conductas.

La universidad moderna se caracteriza por promover una enseñanza-aprendizaje híbrida, pero no podemos centrarnos en la tecnología sin incorporar el contacto social y, más aún, en el área de las ciencias de la salud.

  • Educación basada en competencias (CBE)

Frank y cols. describen la Educación basada en competencias como “Una guía orientada a la habilidad adquirida al final de la graduación” y la relaciona directamente a las competencias procedentes de la observación de las necesidades de la sociedad, en nuestro caso, para mejorar su salud oral.

Las competencias del alumnado de pregrado están compuestas por los conocimientos, las habilidades y la actitud adquiridas durante su formación universitaria, y son indicativos de la capacitación para el ejercicio de la profesión dental, con suficiente conocimiento y actitud ética.

Chuenjitwongsa y cols. detallan las cuatro características de la educación basada en competencias:

  1. Estructurada en un plan de estudios que se adapta a las necesidades de la sociedad.
  2. Centrada en el aprendizaje que adquiere el estudiante.
  3. Informada por el rendimiento en el aprendizaje.
  4. Programada según las limitaciones en el tiempo y los objetivos numéricos.

Y añaden la posible influencia de factores externos, como podrían ser les leyes gubernamentales y los reglamentos de las propias universidades.

  • El currículum por competencias[8]: Perfil, competencias y objetivos de aprendizaje en Europa[9](ADEE)

En la edición especial del European Journal of Dental Education, Paganelli[10] nos introduce en el resultado obtenido de las deliberaciones de docentes universitarios, estudiantes de odontología y las sociedades y academias odontológicas, de diferentes países europeos (Alemania, España, Francia, Grecia, Italia, Irlanda, Reino Unido y Suecia), en lo que consideran fundamental para un dentista europeo. Y Field y cols. nos introducen en los objetivos marcados en la ADEE para ofrecer una nueva visión de la educación dental europea de pregrado.

Un profesor de UB dando una clase práctica de odontología. (Foto: UB)

El resultado global de los análisis y consideraciones adoptadas tiene un objetivo primordial en la docencia: el plan de estudios, la excelencia en la enseñanza, la satisfacción de los estudiantes y su preparación y apoyo. Para que ello sea posible se dan orientaciones sobre el método de enseñanza y aprendizaje, y su evaluación. Ello deberá derivar hacia una mayor consideración en el profesionalismo, al trabajo en equipo y la atención centrada en el paciente y su seguridad.

Se describen las diferentes competencias que deben adquirir y ser capaz de realizar un dentista graduado, las cuales se categorizan en dominios y estos, en áreas. Finalizan matizando los Métodos contemporáneos de la enseñanza, aprendizaje y evaluación en la educación de pregrado en Odontología, que deben ser coherentes con los siguientes postulados en relación al profesorado y la seguridad del paciente:

  • El profesorado:
    • Debe garantizar que se mantenga un entorno de aprendizaje seguro para los alumnos y fomentar la autorreflexión sobre el aprendizaje.
    • Tiene la responsabilidad de velar por la seguridad de los pacientes y de plantear las dudas sobre el rendimiento de los alumnos.
    • Ha de ser competente en el proceso de interrogatorio.
  • Los programas educativos basados en la simulación se deben desarrollar en consonancia con el mapa curricular o el análisis de las necesidades de aprendizaje realizado en la práctica clínica.
  • La perspectiva del paciente se debe tener en cuenta y demostrarlo en la planificación educativa.

3. Implicaciones éticas

Debido a la diversidad de situaciones a las que nos enfrentaremos en nuestra actuación como dentistas, debemos ser capaces de discernir en qué consiste una correcta intervención profesional y en qué no, con el objetivo de favorecer y beneficiar el bienestar y la calidad de vida de los pacientes.

De ahí la necesidad de revisar las interacciones dentista-paciente y dentista-profesional de la salud, mediante un proceso de reflexión adaptado a los cambios que experimenta la sociedad y la relación con los demás profesionales de la salud. Disponemos de la responsabilidad de trabajar en equipo y proporcionar una respuesta compartida que garantice a la vez los derechos y las necesidades de todos. Para conseguirlo es necesario adoptar cuatro principios básicos: 1) el diálogo, como mecanismo que nos permite llegar a acuerdos y establecer consensos, soluciones compartidas y criterios generales de intervención, 2) la razón y el razonamiento científico, que nos ayuda a construir respuestas racionales, razonadas y basadas en la ciencia, 3) la sensibilidad ética, que nos permite captar conflictos éticos y distinguirlos de los problemas técnicos, legales o convencionales, y 4) la autonomía moral, que nos impulsa a actuar con libertad y decidir con plena responsabilidad frente a los conflictos.

Nuestra práctica se enfrenta a desafíos como la necesidad de la salud, los recursos de que se disponen y la gran dependencia del sector empresarial.

El criterio clave de la ética profesional es la buena intervención en el acto sanitario, la que garantiza el bienestar y los derechos y necesidades de los implicados. Tiene que centrarse en la reflexión crítica frente a situaciones dilemáticas de la práctica profesional, más que en la simple transmisión de códigos normativos o de buenas conductas.

La práctica sanitaria plantea retos éticos reales como la relación profesional-paciente, la confidencialidad, el secreto profesional, el consentimiento informado, la autonomía del paciente, la aceptación de participar en ensayos clínicos, la distribución justa de los recursos y el esfuerzo para evitar la masificación en la asistencia. Aprovechamos estas líneas para reivindicar que los profesionales que tienen una relación directa con el paciente deberían tener la capacidad de influir en la gestión del sistema sanitario, porque muchos profesionales consideran que gozan de poca libertad en el momento de decidir sobre aspectos de su responsabilidad profesional cuando estos tienen que ver con la administración. Este aspecto tiene una gran repercusión en la necesidad de sentirse bien valorado por los pacientes, por los demás profesionales y por las organizaciones donde se ejerce la actividad, porque nuestra práctica se enfrenta a desafíos como la necesidad de la salud, los recursos de que se disponen y la gran dependencia del sector empresarial.

Para la renovación del código deontológico nos corresponde tener en cuenta la sensibilidad ética, las habilidades y competencias de los profesionales, y el análisis crítico de las guías de valor que el contexto histórico, social y cultural ha ido construyendo.

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Es necesaria una sensibilidad ética, una apertura emocional y un alto grado de empatía por parte de los profesionales frente a situaciones y hechos que atentan contra los derechos de los usuarios, los pacientes y contra la justicia social. En este sentido, el primer paso que nos atañe es la capacidad de sentir sin racionalizar, de captar emocionalmente las injusticias, los tratamientos incorrectos y los abusos, estrictamente vinculados con las experiencias de vida de cada uno, porque se es más sensible en la medida que se es capaz de vivir en la propia piel o empatizar con determinadas situaciones problemáticas y de participación directa.

Entre las habilidades y competencias que se requieren está el “juicio ético” como ejercicio de dilucidación mental que permite reflexionar sobre cómo deberíamos modificar u orientar nuestra acción para que asegure el bienestar y la calidad de vida de las personas implicadas. Nos permite generar diferentes alternativas a un problema y sopesar las diferentes consecuencias positivas o negativas de cada una de ellas, tratando de equilibrar las diferentes fuentes de tensión presentes en los problemas éticos profesionales como la propia ideología del profesional y las obligaciones del paciente, de la propia profesión, de la entidad que contrata y de la sociedad.

También estará englobada la comprensión crítica de la realidad, que faculta para obtener el máximo de información posible de una determinada actuación, contrastarla con experiencias anteriores, con evidencias documentadas o con situaciones parecidas, y actuar asumiendo la plena responsabilidad y las habilidades dialógicas necesarias, es decir, establecer diálogos fluidos que se encaminen a la búsqueda de acuerdos y consensos.

4. Evaluación

La evaluación de las competencias que se han debido adquirir durante la formación de las distintas materias del grado habitualmente se realiza por un sistema mixto, que incluye una prueba tradicional escrita (mediante preguntas de respuesta múltiple o preguntas abiertas) y una evaluación continuada de la práctica preclínica y clínica. Cada una de las formas de evaluación tiene sus potencialidades, pero también sus riesgos y debilidades. Así, la realización de una prueba final conlleva la superación de conocimientos de una forma basada en las horas de memorización y la evaluación continuada de las prácticas obligatorias que conduce a unos niveles de puntuación altos, porque, en caso contrario, nos indicaría que la práctica guiada por el profesor ha sido deficiente.

Si nos centramos en la evaluación práctica, los estudiantes de quinto curso de odontología realizan prácticas clínicas reales sobre paciente que deben ser evaluadas a final de curso. Su evaluación in situ, como se realiza en la mayoría de las universidades actualmente, plantea dos dificultades:

  • La primera, que los estudiantes pertenecen a diferentes grupos de prácticas con diversos profesores a su cargo. Estos profesores, que son los mismos que emiten una evaluación al final del periodo de formación, pueden presentar diferencias de criterio al evaluar a los alumnos. Incluso, aunque se realicen tablas de rúbricas para armonizar los criterios, hay muchos detalles que se escapan a la objetividad de la tabla y que dependen del nivel de exigencia del profesorado.
  • La segunda dificultad radica en las diversas casuísticas que la práctica clínica y el azar han brindado a los futuros odontólogos durante el período en formación, ya que cada estudiante ha tratado a diferentes pacientes.

Una forma objetiva de poder adaptar la evaluación de las competencias de la práctica clínica y valorar la parte teórica y la práctica de una forma integrada sería la realización de una Evaluación Clínica Objetiva y Estructurada (ECOE).

En términos generales, Europa da un gran valor a los estudios de máster, América Latina a las especialidades y Estados Unidos y Canadá a doctorados y másteres.

La finalidad de la ECOE sería obtener un registro lo más objetivo y estandarizado posible de las competencias de los futuros odontólogos, cuya valoración debería formar parte de la calificación de la asignatura Clínica Odontológica Integrada, representando un porcentaje consensuado y relevante de la nota final de esta asignatura.

En la Universidad de Barcelona y tras un intenso trabajo de equipo entre profesores, se organizó una prueba tipo ECOE en junio de 2019, con 2 ruedas simultáneas de 14 estaciones y 8 casos, donde se evaluó a 88 alumnos, distribuidos en tres turnos durante una única jornada, en el Hospital Odontológico[11]. Fueron evaluadas las siguientes 8 competencias: recogida de información (38%), juicio clínico (20%), habilidades clínicas (16%), comunicación (9%), higiene y esterilización (7%), ética (4%), prevención (4%) y trabajo en equipo (2%). La prueba se calificó mediante la observación y puntuación por parte de profesores y pacientes simulados entrenados, de más de 100 ítems que contemplaban conocimientos, habilidades y actitudes de los estudiantes ante las diferentes situaciones clínicas a las que se sometían en las 14 estaciones. Las puntuaciones a los estudiantes se situaron entre el 4,9 y el 8, con casi la mitad de los alumnos (39) entre el 6,5 y el 7,2 (sobre 10). Las notas medias de cada competencia fueron: comunicación 8,3/10, trabajo en equipo 8,1/10, higiene y esterilización 7,7/10, prevención 7,6/10, habilidades clínicas 7,5/10, recogida de información 7,3/10, ética 7,1/10 y juicio clínico 5,2/10.

Esta experiencia confirmó que la ECOE es una buena estrategia para evaluar las competencias clínicas del estudiante que finaliza el grado en odontología. Esta prueba también puso en evidencia algunas carencias del currículum universitario y las demandas de cambios en la docencia surgidos de la nueva manera de evaluar y que deben tenerse en cuenta para revisar contenidos de asignaturas y planes de estudios. Un modelo de ECOE similar que también ha demostrado, durante más de 5 años, ser una buena estrategia para evaluar competencias finalistas preprofesionales, conocimientos, habilidades y actitudes es el que se realiza en el último curso del grado de medicina. Esta ECOE se realiza de forma consensuada entre distintas facultades, acordada con el ministerio y ha permitido racionalizar y armonizar la evaluación práctica del graduado en medicina.

5. Especialidades

La ciencia y la práctica dental evolucionaron a lo largo de los siglos de una forma empírica, de manera que se mantenía el conocimiento durante períodos de centurias. A partir de finales del siglo XIX, con la reforma de los estudios, la evolución fue progresiva y durante todo el siglo XX y en el siglo actual, esta evolución ha conseguido una progresión geométrica, de forma que se observa una gran aceleración de los avances científicos y tecnológicos.

Para conseguir alcanzar el nivel que se exige actualmente, los estudios no pueden ser sólo técnicos, sino que deben ser bien cimentados desde la base. En este sentido, Broggi[12] proponía que todos los estudios en Ciencias de la Salud tuviesen los dos primeros años asignaturas básicas y comunes, después un año de preclínico y, a partir de ahí, cada área añadiera los años necesarios para completar sus estudios específicos hasta llegar a la titulación de Grado.

Este periplo es sólo un inicio que nos prepara para los estudios de postgrado, que Urbina los define como la vía para el desarrollo de la superación profesional y la formación académica en la adquisición de competencias, y nos dirige a la especialidad como la rama de una ciencia a la que se quiere dedicar en la profesión.

Presenta una estadística de estos estudios de posgrado, que los divide en doctorado, másteres y especialidades, haciendo una valoración de las diferentes visiones que se tienen en Europa, América Latina, Estados Unidos y Canadá. En términos generales, Europa da un gran valor a los estudios de máster, América Latina a las especialidades y Estados Unidos y Canadá a doctorados y másteres.

Concretamente, los másteres más procurados son: Ortodoncia, Cirugía Oral, Odontopediatría, Periodoncia y Endodoncia, siendo la Cirugía Oral en América Latina el máster menos requerido.

En relación a las especialidades, las más solicitadas siguen el mismo criterio, aunque la Cirugía Oral en América Latina aumenta su porcentaje de procura.

Centrándonos en nuestro territorio, ponemos de ejemplo al país vecino. En Portugal, siguiendo la normativa europea, se crearon las especialidades de Ortodoncia y Cirugía Oral, para las que son necesarios tres años de estudios a tiempo completo, con las mismas horas que nuestros másteres. Actualmente ya han implementado dos nuevas especialidades: Odontopediatría y Periodoncia.

5.1. Ventajas e inconvenientes a las especialidades.

La especialización comporta como ventajas: un mayor conocimiento específico, con más contenidos teóricos y prácticos; un incremento de las habilidades; un mayor nivel de exigencia; la conveniencia de estancias en otras universidades; mayores oportunidades laborales, con acceso a la bolsa de trabajo y una salida laboral asegurada (dentro y fuera del país); mejores condiciones de trabajo y, normalmente, mejor salario; y trabajo en equipo y networking.

Pero también tiene ciertos inconvenientes como: la pérdida progresiva del conocimiento de la práctica clínica general y, por ello, depender de los generalistas; una gran inversión de tiempo y dinero; los gastos y esfuerzo de desplazamiento y alojamiento mientras se estudia; la inversión en material específico; y la incorporación tardía al mercado laboral.

5.2. ¿Cuál puede ser el futuro?

Nos queremos equiparar a lo desarrollado en Europa para garantizar la igualdad de condiciones en el acceso a la formación especializada y la libre movilidad de los profesionales. Para ello, los agentes que están implicados son: las Universidades, el Consejo General de Dentistas y las Sociedades Científicas. Todas ellos están tratando de acordar un modelo sostenible y racional con el Gobierno, el cual se muestra a través de los ministerios de Educación y Sanidad.

Para profundizar en este posible futuro, tomamos como propias las opiniones de Fernando Gutiérrez, editor de la revista Odontólogos de Hoy, entre las cuales nos recuerda que hace más de 25 años que el Consejo de Dentistas de España ya se planteó el impulso a la creación de las especialidades y remarca lo anteriormente dicho, que se empiezan a diseñar las estrategias para desatascar este tema. Nos recuerda el Real Decreto por el que se regula la formación transversal de las especialidades en Ciencias de la Salud, siendo ésta una vía posible que se debería especificar. También aporta su opinión sobre las especialidades que deberían ser prioritarias y, en general, apuesta por aquellas en las que tengamos los profesionales mejor preparados o en aquellas en las que nos vemos obligados a remitir a otros compañeros. Sobre el tema de quién debería impartir la docencia de estas especialidades, no tiene dudas de que deberían ser las propias Universidades, dado su potencial de recursos humanos especializados, su dominio de las metodologías docentes y su capacidad legal para otorgar títulos. En ese sentido, hay que destacar el RD 822/2021[13] recientemente aprobado, que otorga un carácter preeminente a la universidad en la formación postgrado y en la educación permanente a lo largo de la vida. Respecto al modo de acceso a estas especialidades, se propone un examen nacional único, tipo sistema MIR. Finalmente, también deja claro que las especialidades de ninguna manera deberían servir para excluir a nadie del ejercicio profesional y de las competencias que la Ley 10/1986[14] establece para el odontólogo.

En una encuesta realizada al alumnado que en 2019 se incorporaba al mundo laboral, solo el 55% consideraba que la enseñanza había cumplido con sus expectativas y sólo un 3% manifestó estar preparado para atender pacientes una vez terminados los estudios de grado.  

Además de lo anterior, hay que recalcar que la implementación de las especialidades no debería descartar la necesidad de una evaluación profesional con “criterios de calidad”. Faria[15] ha precisado sus reservas a este respecto, motivado por el aumento del número de especialidades en Portugal. Según su criterio, determinadas áreas del conocimiento odontológico se superponen en distintas especialidades y, aunque existan las especialidades, sería necesario implementar una formación continua obligatoria de capacidades transversales. Pone como ejemplo que, aunque el ortodoncista no haga otros tratamientos, éste debería tener conocimientos básicos en periodoncia, oclusión y cirugía craneofacial, entre otras.

En nuestra opinión, las especialidades son necesarias para mejorar el avance en cada una de las partes que forman la ciencia odontológica, pero no debemos olvidar la formación básica transversal del Grado, tan necesaria para el ejercicio de la profesión, porque nos da una visión global de la patología que afecta al o la paciente. Precisamente este proceso de especialización por áreas hace más evidente la necesidad del ejercicio profesional en equipo y, más aún, en el ambiente hospitalario, donde deberían existir Consultas de Estomatología y Odontología.

Por último, tanto en la oferta de estudios de especialización como en el Grado, sería más que necesario incrementar la formación en los ámbitos de: Gestión, Investigación, Nuevas Tecnologías y Transferencia del Conocimiento. Todo ello ayudaría a generar profesionales capaces de ejercer internacionalmente. Y muy importante sería también fortalecer los contenidos transversales en: Historia de la Odontología, Psicología aplicada y Valores de la Ética. Muestra de este interés, la tesis doctoral de enfermería[16] que se presentó en el año 2021, en la que se evaluaban los valores éticos de esta profesión en relación a sus pacientes, siendo los resultados comparados con los de la odontología. En palabras de Trias[17]: Es necesario formar especialistas no sólo en la curación individual, sino también en la preventiva, la social y la colectiva, que nos deja claro que no hay que perder la parte más humanista de nuestra profesión, la interacción con la persona enferma.

6. Competencias digitales y tecnológicas

En los últimos años la pedagogía ha incorporado las tecnologías de la información y de la comunicación (TIC), lo que ha representado un gran progreso, pero los sistemas de transferencia del conocimiento y su evaluación han persistido con los métodos tradicionales.

En la Odontología de los últimos años casi no hay tiempo para la reflexión, se avanza de forma acelerada sin esperar al análisis pausado. En parte esto se debe a que la participación de las empresas del sector tecnológico ha permitido avanzar de forma rápida en la posibilidad de fabricar materiales implantológicos y sustitutivos. En 40 años, y centrándonos en las técnicas en la especialidad de ortodoncia, por ejemplo, han ido variándose las propuestas de los ingenieros que trabajan para las industrias para ofrecer nuevos materiales con diferentes características físicas, todas ellas supuestamente con un objetivo común: llevar los dientes a una oclusión funcional. ¿Es que no lo conseguían nuestros maestros? La respuesta es sí, pero la industria necesita vender para investigar y seguir avanzando.

La tecnología es muy posible que termine sustituyendo una parte de las labores del profesional de la odontología, como ya está ocurriendo ahora con la nanobioingeniería. Si sabemos utilizar a nuestro favor la inteligencia artificial nos acoplaremos a los avances tecnológicos para ayudar, pero no sustituir, en las tareas que tradicionalmente están asignadas a los profesionales dentistas. Actualmente ya se trabaja con el diseño asistido por ordenador e impresoras 3D, se realizan estudios de investigación para la regeneración de los tejidos con células madre y se utilizan simuladores para la práctica preclínica.

El estudiante será un usuario de redes sociales que apenas leerá libros, ni consultará al maestro y, como mucho, acudirá a algunos artículos con factor de impacto elevado y a internet, donde encontrará todo lo que necesita.

No será necesario pensar y reflexionar sobre la propuesta terapéutica, porque una máquina aplicará un protocolo y ayudará a decidir sobre esta cuestión. Con la inteligencia artificial y el aprendizaje automático se confrontarán consecuencias éticas. Por ello es necesario seguir avanzando en la transformación de la enseñanza universitaria hacia sistemas más efectivos, y a la vez más atractivos, tanto para los profesores como para los alumnos.

La formación avanzará hacia el sistema online, de forma única o como complemento en enseñanzas profesionalizantes como la odontología. Se plantea que si esta formación online se generaliza supondrá tres cambios importantes: 1) internacionalización de la universidad, 2) nuevos modelos de estructuración de los estudios y 3) aparición de un nuevo tipo de profesor que se podrá alejar algo de la academia. Además, deberemos tener en cuenta que los cambios que van a ofrecerse a los discentes serán los que exija el mercado laboral. Por ahora, se aprovechan relativamente los recursos digitales (61%), y muchas asignaturas no utilizan siquiera el campus virtual. Se critica la utilización de power point antiguos y que la infraestructura digital del Hospital Universitario, en parte, es obsoleta.

De esta forma, el desarrollo de la enseñanza en las aulas, en este siglo XXI, transitará por el aprendizaje continuo, la creatividad, las clases virtuales, con preparación previa del tema, y la esperanza de la recuperación del compromiso ético y de los valores sociales frente a las habilidades técnicas. En un futuro decaerá el interés por materias que ahora interesan más, como la gestión o los temas legales, seguramente por el temor a los gobiernos que procuran más el rendimiento económico que el social. Y lo que ahora se va dejando para materias optativas, como la cultura y el humanismo, la ética y la deontología profesional, tendrá mayor peso específico en el futuro.

7. Alumnado y profesorado universitario en odontología

En una encuesta realizada hace unos años al alumnado que en el año 2019 se incorporaba al mundo laboral se observó que solo el 55% consideraba que la enseñanza había cumplido con sus expectativas; el resto del alumnado alegaba una falta de motivación del profesorado y un déficit de organización del plan de estudios. Sólo un 3% manifestó estar preparado para atender pacientes una vez terminados los estudios de grado y el 61% del alumnado consideraba la especialización necesaria.

En cuanto al postgrado, hubo una mayoría de alumnado que se quejaba del precio de los másteres, al que se debía afrontar para obtener esta práctica clínica, Es patente que en el futuro deberá cambiarse la exigencia del alumnado de postgrado de una dedicación completa a una solución mixta de docencia-trabajo, ya sea por la importancia económica de las matrículas o por el simple hecho de que hay que estar abierto al mundo real y en contacto con el ámbito ciudadano y profesional. El estudiante será un usuario de redes sociales que apenas leerá libros, ni consultará al maestro y, como mucho, acudirá a algunos artículos con factor de impacto elevado y a internet, donde encontrará todo lo que necesita. Actualmente ya está ocurriendo mucho de todo esto.

Respecto al profesorado, la universidad dispone de un personal envejecido con pocas posibilidades de promoción, donde impera el currículum investigador para promocionarse. El modelo de evaluación de la calidad universitaria impuesto en las dos últimas décadas ha orientado las estrategias académicas a un anhelo lógico por publicar artículos en revistas de alto impacto y así posicionarnos en los puestos más elevados de los diferentes rankings internacionales. Este sistema, sin embargo, ha tenido algunos efectos perniciosos, porque ha obligado al profesorado universitario a orientar el desarrollo de su carrera académica y profesional hacia intereses puramente investigadores individuales y utilitarios, centrados muchas veces en la publicación en revistas de impacto como valor monolítico del éxito. En el mismo sentido, las ayudas oficiales para el desarrollo de los proyectos de investigación en salud (FIS) han quedado demasiado circunscritas a las ciencias básicas, las cuales han permitido generar mayor volumen de conocimiento, siendo éste más fragmentado y más alejado de su transferencia al mundo clínico.

En este modelo de carrera del profesorado universitario muchas de las ciencias clínicas odontológicas han quedado relegadas a un segundo plano y, por tanto, segregadas del sistema universitario, porque las condiciones y limitaciones de tiempo de los profesionales clínicos no han permitido integrar fácilmente su actividad asistencial con la parte docente e investigadora de su trayectoria académica.

Si este grave problema de integración de la actividad profesional con la académica del profesorado clínico de odontología no se resuelve, se terminará poniendo en cuestión el esfuerzo del Plan Bolonia, porque no será compatible la docencia universitaria con la actividad profesional o con la atención asistencial al paciente, lo cual debería ser un elemento fundamental en todas las ciencias de la salud para mejorar la adquisición de competencias del alumnado en el contexto real en el que se desarrollará el trabajo del futuro graduado.

Por tanto, las categorías docentes a las que se llega por méritos de investigación, mayoritariamente, están reduciendo el número de profesores permanentes dedicados a la universidad. Y si este problema ya es importante, deberemos añadir en un futuro cercano que la “Inteligencia Artificial” permitirá aportar toda la información necesaria y transmitir la docencia teórica de forma continua y económica.

La generación de un modelo de plazas vinculadas o de figuras de profesorado a dedicación completa que sean compatibles y se integren con la actividad asistencial entre otras medidas, ayudaría a fortalecer la promoción universitaria de este profesorado clínico de la odontología a figuras permanentes, para que pudiera seguir aportando la experiencia clínica necesaria para la atención al paciente.

La educación necesita volver a ocuparse del profesorado y del alumnado, porque la Universitãs Magistrõrum et Scholãrium, o comunidad de maestros y estudiantes, es donde se imparte el conocimiento en libertad de cátedra y también es escuela de vida.

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Josep Maria Ustrell es Director de la Escuela de Odontología y Vicedecano de la Facultat de Medicina y Ciencias de la Salut, Universidad de Barcelona.

Joseba Pineda, es Decano de la Facultad de Medicina y Enfermería y Responsable de la titulación deOdontología, Universidad del País Vasco (UPV/EHU).

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[1] BOE-A-2008-12390. Orden CIN/2136/2008, de 3 de julio, por la que se establecen los requisitos para la verificación de los títulos universitarios oficiales que habiliten para el ejercicio de la profesión de Dentista. https://www.boe.es/eli/es/o/2008/07/03/cin2136

[2] En la Universidad de Barcelona la Anatomía Dental se imparte como materia optativa. El nuevo rectorado ha puesto los medios para una resolución efectiva de este desacierto.

[3] https://doi.org/10.1111/joa.13133

[4] José Manuel Aguirre Urizar es catedrático de Medicina Bucal de la Facultad de Medicina y Enfermería de la UPV/EHU, y presidente del Consejo Asesor de Salud Bucodental de Euskadi.

[5] https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/32078216/

[6] https://doi.org/10.1111/eje.12631

[7] BOE-A-2020-17264. Ley Orgánica 3/2020, de 29 de diciembre, por la que se modifica la Ley Orgánica 2/2006, de 3 de mayo, de Educación. https://www.boe.es/eli/es/lo/2020/12/29/3

[8] https://doi.org/10.1111/eje.12213

[9] https://onlinelibrary.wiley.com/toc/16000579/2017/21/S1

[10] Corrado Paganelli, es profesor y decano de la Facultad de Odontología de la Universidad de Brescia, y presidente de la Federación Internacional de Asociaciones y Educadores Dentales (IFDEA).

[11] Décimo Encuentro de Profesorado de Ciencias de la Salud. Facultad de Medicina y Ciencias de la Salud. Campus Bellvitge. Universitat de Barcelona. 30 de enero - 1 de febrero de 2019. Mesa de debate. 2: «Estrategias de metodología docente» Moderadores: María Rosa Rozas (Enfermería) Ponentes: Anna Manzano (Ciencias Biomédicas) Francisco Pérez (Farmacia) Mireia Pascual (Odontología) Marta Raurell (Enfermería).

[12] Moisés Broggi Vallès (1908-2012). Médico y humanista. Presidente de la Real Academia de Medicina de Catalunya.

[13] BOE-A-2021-15781. Real Decreto 822/2021, de 28 de septiembre, por el que se establece la organización de las enseñanzas universitarias y del procedimiento de aseguramiento de su calidad. https://www.boe.es/eli/es/rd/2021/09/28/822.

[14] BOE-A-1986-7436. Ley 10/1986, de 17 de marzo, sobre Odontólogos y otros profesionales relacionados con la salud dental. https://www.boe.es/eli/es/l/1986/03/17/10.

[15] Carlos Faria. Médico estomatólogo del Servicio de Estomatología de la Facultad de Medicina de la Universidad de Porto.

[16] Silvia Bleda García. Los valores profesionales en el Grado de Enfermería. Tesis Doctoral. Universitat Autònoma de Barcelona, 2021.

[17] Antoni Trias Pujol (1891-1970). Médico defensor de la renovación de la docencia médica.

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