Dental Tribune Latin America

La más enigmática de las sonrisas (2)

By David Suárez Quintanilla
December 13, 2019

El Profesor David Suárez Quintanilla ofrece la conclusión a su teoría sobre la enigmática sonrisa de la Mona Lisa, el famoso retrato de Leonardo da Vinci. El autor combina tres elementos para desarrollar una hipótesis, dos ligados a la genialidad de Leonardo, y un tercero a las últimas investigaciones neurofisiológicas sobre el cerebro. Segundo de dos artículos.

  GRANDES EXPERTOS  

Hipótesis sobre la cambiante expresión de la Mona Lisa

"La enigmática sonrisa es una ilusión que aparece y desaparece debido a la peculiar manera en que el ojo humano procesa las imágenes

El sfumato o difuminado que Leonardo desarrolla y aplica ampliamente sobre los músculos orbiculares de ojos y boca, tiene como objetivo dar una imagen de vaguedad, lejanía. Sobre una plancha de madera de álamo, se aplica una preparación blanca de carbonato de calcio, blanco de zinc y cola de conejo (huesos molidos), es la denominada imprimatura. Se traza un primer esbozo al pincel seguida de la aplicación de una veladura (delgada capa de color), al óleo, sobre toda la superficie del cuadro y se añaden las sombras y los valores intermedios. En el caso del ojo izquierdo de Mona Lisa, esta operación se hizo con tierra de Siena muy diluida.

Parte del enigma de la sonrisa de la Gioconda reside en esta combinación de saber anatómico, calidad artística y sfumato, al permitir al espectador percibir inconscientemente el inicio de la sonrisa, la contracción muscular perioral que anticipa el movimiento labial de la sonrisa. El sfumato de las comisuras labiales ayuda a nuestro cerebro a anticipar la acción, que de repente se ve interrumpida, ya que es un cuadro. No dudo que otros factores ligados a nuestra elaboración e interpretación visual pueden jugar un papel destacado en el misterio del cuadro; de hecho, en 2005 la profesora de Harvard y experta en percepción visual, Margaret Livingstone desveló en el Congreso Europeo de Percepción Visual de A Coruña que la enigmática sonrisa es "una ilusión que aparece y desaparece debido a la peculiar manera en que el ojo humano procesa las imágenes". El ojo humano tiene una visión fotópica (directa) y otra escotópica (periférica). La primera sirve cuando se trata de percibir detalles, pero no es apta para distinguir sombras, que es la especialidad de la segunda. Leonardo pintó la sonrisa usando unas sombras que se ven mejor con la visión periférica. Sea de una u otra manera, hemos de entender que lo que creemos ver no es más que una elaboración de nuestro cerebro, en realidad vemos con el cerebro.

El espectador, su marco de referencia e incluso su balance y estado emocional, también condiciona la manera de ver la famosa sonrisa leonardesca. Los experimentos realizados por el área de percepción visual y neurología de la Universidad de California muestran que nuestras propias emociones afectan cómo vemos un rostro neutral. Y no hay rostro más neutral y susceptible de cambiar de humor que el de La Gioconda.

La Dra. Erika Siegel ha estudiado, junto a sus compañeros, cómo nuestras emociones modifican la percepción del mundo que nos rodea, incluso cuando no somos conscientes de que algo ha alterado nuestros sentimientos. Los investigadores llegaron a la conclusión de que la forma en que percibimos una cara nueva como feliz, triste o neutral, en realidad tiene mucho más que ver con cómo nos sentimos que con la expresión de esa cara. La Dra. Siegel reunió para este experimento a 43 participantes a los que le mostró distintas imágenes a cada ojo de forma intermitente. En cada persona, un ojo registraba la fotografía de forma directa (ojo dominante) y el otro lo hacía de forma subconsciente (ojo pasivo no dominante). El ojo dominante registraba expresiones neutras mientras que el pasivo no dominante veía emociones en los rostros como felicidad, enfado o duda. De este modo, cuando la investigadora preguntaba a los participantes qué expresión tenía el individuo de la fotografía siempre respondían lo relacionado con la imagen vista por el ojo no dominante. La investigación compara este registro subconsciente de imágenes emocionales con el efecto que nuestro estado emocional tiene sobre nuestras percepciones. De esta forma, los investigadores afirman que no solo influye lo que vemos si no también lo que sentimos, algo que se incrementa cuando el rostro es neutro. Para la doctora: "Somos los arquitectos de nuestra propia experiencia. Nuestro cerebro hace predicciones sobre lo que espera ver y utiliza la información del exterior para actualizar sus expectativas".

"Nuestro cerebro es una máquina que vive en el futuro facilitando nuestra toma de decisiones en base a su capacidad predictiva

Este no es el primer experimento psicológico que tiene como protagonista el famoso cuadro de Da Vinci. En 2005, un grupo de científicos de Ámsterdam (Países Bajos) sometieron esta obra a una serie de algoritmos de reconocimiento emocional. Los resultados que obtuvieron fueron: 83% feliz, 9% disgusto, 6% miedo y 2% enfado. Sin embargo, este estudio pone de manifiesto que la percepción de las emociones cambia en la propia mente del observador dependiendo directamente de los sentimientos que tenga.

Las nuevas técnicas de exploración digital neurofisiológica son más objetivas y han cambiado la manera de explorar el cerebro y nuestras funciones cognitivas (hablamos de la Resonancia Magnética Funcional, la Tomografía de Emisión de Positrones, la Magnetoencefalografía) al permitirnos ver, de manera indirecta, la estimulación neuronal de las distintas áreas cerebrales en respuesta a diferentes estímulos. La mayoría de los resultados resultan un poco desalentadores para el alto concepto que tenemos de nosotros mismos y revelan la similitud de nuestro cerebro con los ordenadores, su organización compartimental y nuestro aún elevado grado de igualitaria y previsible animalidad.

Numerosos trabajos recientes de neurofisiología demuestran la capacidad predictiva y anticipativa de nuestro cerebro a nuestros pensamientos y acciones.

Varios estudios recientes (destacando entre ellos el de M Ekman, P Kok y FP de Lange “Time-compressed preplay of anticipated events in human primary visual cortex”, publicado en 2017 en Nature Communication) reflejan el carácter predictivo y anticipatorio de nuestro cerebro. Los autores, de la Universidad de Radboud, pidieron a 29 participantes observar en una pantalla una secuencia de puntos. Los participantes visionaron 108 veces la secuencia de puntos, mientras se balanceaban de izquierda a derecha o al revés en medio segundo. Después de observar las sesiones, los investigadores descubrieron que los cerebros de los participantes podían anticipar con precisión los movimientos que iba a realizar cada punto. A continuación, los participantes fueron invitados a ver secuencias aleatorias, algunas como las anteriores, pero otras con el punto desplazándose a través de la pantalla, mientras otras sólo mostraban el principio o final de la secuencia. A través de la imagen por resonancia magnética funcional a la que fueron sometidos los participantes, los investigadores pudieron determinar además la actividad neuronal que se desarrollaba en los participantes durante estos procesos, analizando el flujo sanguíneo perineuronal en ciertas zonas del cerebro. En la medida en que los participantes observaban a los puntos saltar en la pantalla, una parte correspondiente al córtex visual se iluminaba en cada etapa. Pero si sólo podían ver el punto de partida, se activaban las mismas partes del cerebro, que de esta forma completaba la trayectoria hipotética del punto anticipándose dos veces más rápido a la secuencia real de los puntos (en este sencillo test se basa una de las pruebas para renovar el carnet de conducir en España).

También el cerebro anticipa el movimiento muscular, le dice a los músculos cómo y cuándo deben actuar, por ejemplo, para coger al vuelo, rápidamente, un vaso que está cayendo o recibir un servicio de tenis o ping-pong. Son numerosas las evidencias científicas del control anticipatorio de nuestro cerebro sobre la cinestesia de nuestras extremidades. Nuestro cerebro es una máquina que vive en el futuro facilitando nuestra toma cotidiana de decisiones en base a su capacidad predictiva, de futuro, utilizando como referencia las experiencias pasadas grabadas en su memoria a largo plazo.

Por ejemplo, cuando vamos a cruzar una calle nuestro cerebro acelera la velocidad percibida a la que viene el coche para aumentar la sensación de riesgo y evitar ser atropellados. La velocidad de transmisión de imágenes desde el ojo al cortex visual es lenta (unos 200 milisegundos) y nuestro cerebro ha establecido un mecanismo compensador a base de predicciones anticipatorias. Nuestro cerebro, literalmente, se pasa todo el día anticipándonos situaciones, proyectándonos la trayectoria futura de un balón, una pelota de tenis, del coche que nos adelanta y, posiblemente, de la expresión facial inicial que va a terminar en llanto o abierta carcajada.

Este fenómeno tiene un peso importante en la misteriosa sonrisa de la Gioconda: el genio anatómico y pictórico de Leonardo nos muestra el inicio de la leve contracción de los orbiculares de los labios gracias al sfumato aplicado en las comisuras labiales y nuestro cerebro anticipador completa el misterio y hace que dudemos sobre si la modelo sonríe o no. Es un inicio congelado de una sonrisa que crea en el espectador una discrepancia entre lo que ve y su cerebro anticipa. Nuestros ojos ven el rostro sereno de la Gioconda, pero nuestro cerebro percibe el inicio de su misteriosa sonrisa gracias a la magia del genio de Leonardo da Vinci.

NOTA: Lea la primera parte de este artículo, que describe las interpretaciones que se han hecho de la sonrisa de La Gioconda.

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El Profesor David Suárez Quintanilla es catedrático de Ortodoncia de la Universidad de Santiago de Compostela (España), expresidente de la European Orthodontic Society y vicepresidente del área de Ortodoncia de la International Association for Dental Research. En sus treinta años dedicados a la Ortodoncia, ha creado procedimientos como la Técnica SWLF (Straight Wire Low Friction), desarrollada con la compañía RMO de Denver, que es actualmente utilizada por ortodoncistas de más de treinta países. Además es autor del libros como "Ortodoncia. Eficiencia Clínica y Evidencia Científica”. Visite su página web en: dsqtraining.com

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