Dental Tribune Latin America
El autor afirma que poder decir y expresar que estás feliz y apreciar cada momento vivido es algo gratificante. (Foto de KAL VISUALS / Unsplash)

Agradecido por vivir la vida

By Enrique Jadad Bechara
September 04, 2020

Hoy quiero darle gracias a Dios por estos 55 años de vida. No me da pena decir mi edad, han sido, mal contados, algo mas de medio siglo y unos escaloncitos más, cada día me siento más feliz, útil, saludable, productivo en lo académico y pleno en todo sentido. He pasado bastante tiempo buscando mi razón de ser y el verdadero propósito de muchos aspectos de mi vida, y de lo que sí estoy seguro es que seguiré siendo un eterno aprendiz.

Cuando llegó esta pandemia y la cuarentena, de inmediato ocurrió lo que es normal en todo ser humano: nos llenamos de temores y de miedos, el futuro lo vemos aún incierto. He analizado sobre qué es lo realmente necesario, cada día lo he vivido plenamente y las situaciones en este “encierro maravilloso” han sido muy especiales: el poder estar 24/7 rodeado de mis hijas y esposa, poder ver a diario por Facetime o videollamadas a Coco Jadad, mi segunda hija que vive en el extranjero, ha sido un bálsamo, así como lo es el tener y gozar de buena salud y poder proveer el alimento para mi familia.

El poder compartir durante estos más de cuatro meses de aislamiento con mis colegas a través de plataformas educativas, me ha generado muchas satisfaccionesl el poder continuar escribiendo mis columnas mensuales en Dental Tribune ha sido enriquecedor, el haber fortalecido nuestro centro de entrenamiento para odontólogos como lo es Helident Training Center y haber realizado mas de 40 webinars gratuitos con profesores dictantes de primer nivel, me ha hecho ver con otros ojos esta situación para la que nadie estaba preparado.

Mis felicitaciones a todos aquellos colegas dedicados a la docencia. Brindo por los buenos docentes y por los colegas que han sabido aprovechar la educación que se ofrece a través de redes sociales y plataformas de internet, gratis o pagada, pero cientos de miles la han aprovechado de manera increíble. Nos tomó por sorpresa la pandemia, fuimos muchos los que tuvimos que investigar y aprender cómo poder realizar labores docentes, cómo presentar conferencias, webinars, conversatorios, encontrar el camino para brindar capacitación virtual.

Muchos de los docentes que pudimos entrar en este mundo de la educación virtual implementamos todo un sistema educativo a distancia; unos desde sus hogares, otros desde sus consultorios o clínicas, aprendimos de lo desconocido, de lo inimaginable, entendimos que el mundo cambió para todos, entendimos que podemos dar y recibir conferencias, cursos, o cualquier otro tipo de espacios formativos desde nuestras propias computadoras de uso personal, desde un teléfono móvil, usando solamente el Internet. Somos parte de la historia. Ser docente en tiempos de pandemia y de crisis es una proeza porque, a pesar de todo y contra todo pronóstico, seguimos entregando conocimiento como sea y desde donde sea, continuamos educando a pesar de las adversidades y de los riesgos, eso sí, siempre brindando lo mejor a nuestros alumnos y a quien lo necesite sin pedir nada a cambio.

La educación desde casa no tiene límites, no se rige por horarios, lo puedes hacer mientras cocinas, a la hora del almuerzo, cualquier día, a cualquier hora, incluso durante sábados y domingos.

La educación desde casa no tiene límites, no se rige por horarios, lo puedes hacer mientras cocinas, a la hora del almuerzo o de la cena, cualquier día, a cualquier hora, incluso durante sábados y domingos. Cada semana, cada día, a toda hora encontramos cientos de correos electrónicos por abrir y atender, mensajes de todo tipo en los grupos de WhatsApp, llamadas seguidas, mensajes por montones; durante esta pandemia hemos dictado más conferencias que en años normales, y la gran realidad es que los profesores y maestros están trabajando sin parar.

Agradezco cada día y cada momento sin quejarme, sin reprochar y sin cuestionar, la vida misma y este trasegar en medio de esta tormenta borrascosa que nos trajo el Covid-19, me ayudó a entender y aceptar cuán frágiles somos los seres humanos. Durante este período de resguardo y distanciamiento social, he podido conocer y compartir con personas que nunca pensé llegar a conocer, muchos de ellos son o pueden ser llamados científicos, catedráticos, genios, pero lo mas importante es que los considero personas maravillosas.

Recientemente me tocó pasar la fecha de mi cumpleaños aislado de la sociedad, de los amigos, colegas, pero puedo decir con total convencimiento que mi familia es el mejor y más preciado regalo; mis amigos, compañeros, socios, conocidos y hermanos de la vida, a todos les doy las gracias por haberse acordado y escrito tantos mensajes hermosos ese 21 de julio; gracias por esas incontables y preciosas llamadas, gracias y mil veces gracias por sus detalles que hicieron de mi cumpleaños un día muy bello y, sobre todo, especial.

Es un sentimiento de bondad el poder dar gracias y sentirse feliz por los diferentes momentos que vives, ya sea en familia, con tus hijos o con tus colegas, conocidos y nuevos amigos que este encierro nos ha traído. Esto quiere decir que vale la pena vivir, así nos encontremos viviendo esta situación tan nueva y desconocida que ha hecho que abandonemos algunas costumbres y, poco a poco, sutilmente adquirimos otras nuevas formas de vida.

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Poder decir y expresar que estás feliz, apreciar cada momento vivido es gratificante, es ganancia, es motivante, es para felicitar a quien lo haya entendido; quien lo haya hecho ha podido absorber lo mejor de todo este incierto panorama que nos trajo la pandemia. La vida es como una vela que poco a poco se va extinguiendo pero cuando llegue ese momento y espero que podamos decir gracias, soy feliz, me siento pleno, a pesar de la incertidumbre en que vivimos hoy.

Estar agradecidos con la vida es el mejor regalo, esa es la esencia de los seres humanos, ser agradecidos y felices al máximo.

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El doctor Enrique Jadad Bechara es Especialista en Rehabilitación Oral, investigador y conferencista con práctica privada en Barranquilla, Colombia. Fundador del Grupo Dignificar la Odontología.

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