Dental Tribune Latin America

La ignorancia del dentista: el efecto Dunning-Kruguer

By David Suárez Quintanilla
August 08, 2020

El Profesor David Suárez Quintanilla comenta el efecto que explica cómo hay odontólogos malos o muy malos, pero de éxito, en cuanto a fama y número de pacientes, y, por el contrario, otros muy bien formados con sus clínicas vacías.

  ORTODONCIA  

"Al paciente no le preocupa cuánto sabe usted sino cuánto se preocupa usted

En una controvertida anécdota, con distintas versiones, Sócrates se postulaba como el hombre más sabio de la polis griega al afirmar su conocido “solo sé, que no sé nada”, que más que una aporía filosófica, se trata de una afirmación llena de lógica. Saber que no se sabe es el primer paso para salir de la ignorancia y todo perfecto iletrado, todo hombre-masa orteguiano, está falto de conocimiento e ideas propias, pero henchido de razón y prejuicios. De esto hay legión en nuestra sociedad. La ciencia infusa debe funcionar muy bien entre nosotros porque diferentes estudios reflejan que una mayoría de profesionales nunca leen libros o revistas de la especialidad ni acuden a ningún curso, simposio o congreso, siendo su mayor fuente de conocimiento los prospectos de los productos o los ingentes conocimientos científicos de los vendedores de productos y técnicas dentales. El atrevimiento de estos colegas al plantear tratamientos complejos, para los que no están capacitados, surge de esta ignorancia. Un ejemplo claro lo estamos viendo con los alineadores.

Si en la vida cotidiana vemos con pasmo la discrepancia que existe entre lo que la gente cree que sabe y lo que realmente sabe, entre conocimiento real e ilusorio, en odontología nuestro pasmo se convierte en preocupación, cuando no en terror, creando, por otro lado, una cierta desafección de los más inteligentes y preparados al comunicarse con el paciente. La práctica odontológica no tiene los controles cruzados de la práctica médica en el ámbito hospitalario y la mayoría de profesionales son capitanes generales en sus consultas y no tienen más criterio de calidad que el juicio de su auxiliar o el mal entendido éxito clínico, esto es, que el paciente esté satisfecho con el trabajo realizado. El primer gran problema es que el paciente nada entiende de calidad clínica y nos juzga en realidad por nuestro prestigio, experiencia, empatía, capacidad de comunicación y, sobre manera, por nuestro servicio; incluso al paciente no le preocupa cuánto sabe usted sino cuánto se preocupa usted.

"Existen cuatro grupos de dentistas: los inconscientemente incompetentes, los conscientemente incompetentes, los inconscientemente competentes y los conscientemente competentes

Podríamos decir que existen cuatro grupos de dentistas: los inconscientemente incompetentes, los conscientemente incompetentes, los inconscientemente competentes y los conscientemente competentes. La discrepancia entre conocimiento auto percibido y real queda de manifiesto en el refranero español al declarar que “la ignorancia es muy atrevida”, afirmación que en odontología se hace más patente por la falta de control de las competencias profesionales (por ejemplo, hay muchos profesionales “poniendo aparatos”, que no es lo mismo que haciendo tratamientos de ortodoncia, sin la más mínima formación ni cualificación en esta especialidad), la ignorancia del paciente (que se deja hacer) y el beneficio económico (que impele a muchos, como un resorte, a plantear antiéticos tratamientos cosméticos).

El efecto Dunning-Kruguer  es un sesgo cognitivo, que puede ser abordado desde la psicología o la filosofía, y que refuerza lo expuesto anteriormente. Según estos autores, los individuos ignorantes creen saber más de lo que saben, y dudan del conocimiento de los que realmente saben y viceversa; los que de verdad saben, dudan de lo que saben y creen que sus colegas saben mucho más de lo que saben. Este sesgo cognitivo explica muchas cosas, no solo de la odontología, sino del mundo (solo basta echar un vistazo a los máximos mandatarios de EE UU, Venezuela o Filipinas, por no hablar de una media centena más). En odontología, este efecto explica cómo hay odontólogos malos o muy malos, pero de éxito, en cuanto a fama y número de pacientes, y, por el contrario, otros muy bien formados con sus clínicas vacías. Decía el matemático y filósofo Bertand Russell, y nos lo recordaría Woody Allen en “Annie Hall”, que los estúpidos están seguros de todo y los inteligentes llenos de dudas, tendiendo más los primeros a la intransigencia, cuando no al fanatismo. Cuando uno sabe muy poco, explota muy bien, y mucho, lo poco que sabe y da al paciente una falsa sensación de seguridad, al contrario que los que mucho saben, y por ello mucho dudan, que dan al paciente, al ofrecerle varias posibilidades terapéuticas, una falsa sensación de duda e inseguridad.

El péndulo profesional emocional cambia de dirección según la época. (Foto: David Suárez Quintanilla)

Los trabajos de David Dunning y Justin Kruger de la Universidad de Cornell en el “Journal of Personality and Social Psychology” (1999) concluyeron que: «La sobrevaloración del incompetente nace de la mala interpretación de la capacidad de uno mismo. La infravaloración del competente nace de la mala interpretación de la capacidad de los demás». De acuerdo a estos autores, hay una discrepancia entre la curva del aprendizaje o adquisición de conocimientos con la de conocimiento auto percibido hasta llegar a un punto de intersección y equilibrio en la zona que denominaremos de experto, alcanzada después de 7 años o 10.000 horas de formación y práctica deliberada. En odontología, la mayor discrepancia y distancia entre las curvas se encuentra al principio de nuestra formación (Pico de la Ignorancia), donde un optimismo desbordante inunda nuestro ego profesional, creyéndonos poseedores de las últimas y mejores técnicas y poniendo en tela de juicio los conocimientos y resultados profesionales incluso de nuestros maestros. Cuando la clínica, y la propia vida, nos va enseñando las limitaciones y hándicaps de nuestros pacientes a la hora de colaborar en el tratamiento y la escasa posibilidad de predecir la respuesta terapéutica en muchos de ellos, además del papel del placebo y nocebo en muchas patologías (dolores, ATM, sensación de dismorfia durante el tratamiento de ortodoncia, SAHOS), el péndulo profesional emocional cambia de dirección y nos convertimos en pesimistas (Valle de la Desesperación), quedando sobrepasados por los fracasos de muchos de nuestros tratamientos, que parecen incrustarse en nuestro cerebro y en no pocas ocasiones no nos dejan dormir bien. Esta crisis, que en ortodoncia podríamos situarla cinco años después de finalizado el máster o postgrado, va a ser superada con más autocrítica y formación (El duro camino del Conocimiento), para culminar años después en una placentera meseta donde se impone el realismo entre lo que sabemos y lo que creemos que sabemos (Meseta del Experto).

En definitiva, que este pequeño artículo sirva para que mis compañeros sepan que no hay nada nuevo sobre las estrellas y que el éxito en nuestra profesión depende de un uno por cien de divina inspiración y un noventa y nueve por cien de estudio, trabajo y formación. Que la ignorancia es muy atrevida porque el ignorante no sabe que no sabe y cree que los que de verdad saben, no saben. El dentista bien formado ha de ser consciente de sus conocimientos, de que su riqueza en hipótesis, teorías y técnicas nunca han de ser vistos por el paciente como dudas o inseguridad, muy al contrario, y sin ningún ánimo de crítica o desprecio, ha de valorar en su justa medida los aires de superioridad y pomposidad que se dan algunos colegas que tratan de camuflar su ignorancia con arrogancia. Formarse bien para después continuar con una práctica deliberada es el primer paso para llegar a ser experto y no un colega que basa su experiencia en hacerlo mal muchas veces. El efecto DK ha de dar confianza al buen profesional, de sólida formación, y debe hacer reflexionar a los que con escaso bagaje de formación postgraduada y continuada se creen en posesión de unos conocimientos y una maestría de la que carecen.

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El Profesor David Suárez Quintanilla es catedrático de Ortodoncia de la Universidad de Santiago de Compostela (España), expresidente de la European Orthodontic Society y vicepresidente del área de Ortodoncia de la International Association for Dental Research. En sus treinta años dedicados a la Ortodoncia, ha creado procedimientos como la Técnica SWLF (Straight Wire Low Friction), desarrollada con la compañía RMO de Denver, que es actualmente utilizada por ortodoncistas de más de treinta países. Además es autor del libros como "Ortodoncia. Eficiencia Clínica y Evidencia Científica”. Visite su página web en: dsqtraining.com

6 Comments

  • Emma Oliveros González says:

    Excelente artículo. Muy real en la realidad Venezolana.

  • JORGE RODRIGUEZ BURGOS says:

    Excelente artículo. Describe de manera magistral pero sucinta, la realidad, no sólo latinoamericana sino del mundo entero.

  • Malena says:

    Un muy buen artículo, creo que el facilísimo de un mundo global y la popularidad en redes ayuda a que estas situaciones se den más a menudo

  • Kateryne Cárdenas says:

    Excelente articulo con las palabras precisas. Siempre objetivo, realista y práctico estimado Dr. Con el respaldo que le da su preparación y conocimientos… y humildad! Éxitos.

  • Fernando says:

    Muy buen, artículo. Me recordó, cuando mis profesores comentaban la vieja escuela. Donde el hospital era escuela y la clínica era soberana.

  • Alejandro Tovar Lozada says:

    Como siempre David, tus artículos van acorde con la realidad actual. Un abrazo.

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