Dental Tribune Latin America

Odontólogos de día y lo que sea de noche

El Dr. Gálvez Núñez alerta sobre los problemas por los que atraviesa la profesión en Honduras.

  CÁPSULAS DE HONDURAS  

La triste situación económica y la falta de lealtad entre los profesionales de la odontología en América Latina, han orillado a odontólogos a recurrir a otras alternativas en un afán de salir adelante para obtener el equilibrio financiero necesario para el sustento familiar. 

La época de oro de la odontología pasó hace mucho tiempo, y con ella también pasó el respeto hacia el odontólogo, esos profesionales que fueron formados para resolver múltiples problemas de la salud bucal, que además hacían el trabajo de laboratorio, que es un tema para otra ocasión. Hoy quiero enfocarme en las actividades que muchos odontólogos se ven obligados a realizar para subsistir ante una crisis ocasionada por el mismo odontólogo, por culpa de una publicidad de odontología rápida, barata y de muy mala calidad.

América Latina ha sido objeto de múltiples barbaries, desde que fuimos descubiertos y conquistados (no colonizados, ¡ojo!); el saqueo fue una parte fundamental que dio como resultado el lento desarrollo de nuestros países, como básicamente lo expresa el famoso escritor uruguayo Eduardo Galeano en su más célebre obra literaria, “ Las venas abiertas de América Latina”.

"La impotencia es tal, que casi resulta una obligación renunciar al ejercicio de la profesión que estudiamos, porque no existen fuentes de trabajo y porque el ejercicio independiente se ha convertido en una funesta competencia".

A medida que han pasado los años, la corrupción en nuestros países (en unos más que en otros), ha llevado a muchos profesionales a buscar diferentes alternativas de subsistencia, y más aún, a los odontólogos de Honduras. Cuando hablo de corrupción, no sólo le estoy dando el enfoque a los gobiernos y a la política vernácula, sino también, a la corrupción y ambición desmedida y sin lealtad hacia la profesión, con la cual muchos colegas han echado al abismo la odontología y la han sumergido en un terrible desprestigio.

Antes, ser odontólogo era sinónimo de ser un respetable galeno de la boca; incluso en algunos países, el nombre para el profesional de los dientes es Estomatólogo, porque nuestra profesión involucra el tratamiento de muchas más dolencias en zonas adyacentes a los dientes. Hemos caído en tal desprestigio, que hoy en día las compañías de seguros no ven las necesidades odontológicas como algo de carácter urgente y necesario, sino simplemente estético, contribuyendo así a que la población cada vez sea más indiferente ante los problemas dentales. Usualmente, el odontólogo en América Latina atiende más emergencias que prevención y es cuando los pacientes piden que hagamos milagros donde ya básicamente no se puede hacer nada; sí, a ese punto de desprestigio hemos llegado en la odontología; ahora nos ven como estilistas y no como médicos bucodentales, se realizan tratamientos de carácter odontológico en salas de belleza ante la mirada indiferente de los que dirigen nuestros colegios profesionales y de las instituciones ministeriales del país, cuya responsabilidad es, entre otrs, estar vigilantes de los procedimientos que se practican en relación con la salud, como un derecho constitucional que tiene todo ciudadano.

En muchos casos, la impotencia es tal, que casi resulta una obligación tener que renunciar al ejercicio de la profesión tan noble que estudiamos, porque no existen fuentes de trabajo y porque el ejercicio independiente se ha convertido en una funesta competencia. He sido testigo de la decisión tomada por colegas, que han tenido que guardar sus instrumentos dentales, vender y, en última instancia, regalar sus resinas y demás productos vencibles y hacer un giro de 180ºparadedicarse a otra actividad que les reporte ingresos para vivir con dignidad, trabajando en rubros que van desde cocina, repostería, bisutería, venta de autos, venta de productos por internet, trabajos de contabilidad y hasta servicios de radio taxi por las noches o a tiempo completo.

Es lamentable que se tenga que considerar abandonar el país de origen, debido alto nivel de desigualdad que hay en el campo de nuestra profesión, por la falta de oportunidades y la falta de exigencia académica que sirva de filtro para producir odontólogos de vocación y no de papel.

Estamos a las puertas de la extinción de la odontología como la conocemos, y no podemos ser indiferentes a esta situación. No es menos preocupante ver, por lo menos en mi país, que no haya un equilibrio para darle oportunidades al gremio, sin distinción de apellidos, cuna, estatus, color político, ya que la carrera como tal, es un esfuerzo en igualdad de condiciones. Digo esto último porque nos encontramos con colegas que no solo tienen una clínica privada, sino que también tienen una plaza en hospitales públicos y una plaza como docente en las facultades de odontología públicas y privadas, y año con año, las universidades gradúan a cientos de nuevos doctores en Cirugía Dental, pasando tristemente a formar parte de los profesionales desempleados.

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El Dr. Miguel Alberto Gálvez Núñez es un odontólogo hondureño que ejerce en Tegucigalpa.

 

1 Comment

  • Luis Clinton says:

    Cuánta verdad tiene Esté articulo. Pero tenemos que seguir luchando por nuestra noble profesión. Saludos desde Puno- Perú.

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