¡Solo somos unos idiotas útiles!

El autor afirma que el mensaje que se le trasmite al público “es claro: ahórrense la visita y el costo de los honorarios del odontólogo, compren por internet”. (Foto: diana-polekhina /unsplash)

Thu. 23. December 2021

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El Dr. Enrique Jadad critica en este artículo que la industria dental promueva la automedicación y el autotratamiento de las personas. El rehabilitador oral colombiano afirma que este tipo de estrategias comerciales no solo pueden perjudicar la salud oral de los pacientes, sino que además atenta contra los profesionales de la odontología sugiriendo que no vayan a la consulta dental.

Vivimos en una era en la que prima la codicia. Me recuerda al título de una conferencia de Umberto Eco llamada “¿El público perjudica a la televisión?” Los conceptos esgrimidos por Eco señalan que las ilusiones y deseos de la gente inducen a las empresas a producir lo que ésta quiere, aún a costa de que los resultados de ello sean nefastos. La conferencia de Eco quería demostrar que los grandes productores de TV tenían la intención de satisfacer la ilusión y la adicción de su público, algo similar a lo que sucede con algunas compañías del ramo dental, que siguen la tendencia de la moda, “nuevas ilusiones” que algunas veces no tienen base científica, que son espejismos creados para satisfacer la vanidad, lo más superfluo.

El ciclo de los tejidos sociales se repite y me viene a la mente una frase célebre, una de esas que hemos escuchado una y otra vez a lo largo de nuestras vidas: “Quien no conoce su historia está condenado a repetirla”.

Traigo esta frase a colación porque, hace unos 20 años, una importante multinacional sacó al mercado de libre venta de productos sin receta, conocido como OTC, un sistema de blanqueamiento dental basado en tiras o bandas que cualquier persona podía comprar en supermercados, tiendas o farmacias (aún no habían plataformas de venta digital de productos).

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En esa época, el gremio odontológico se unió para rechazar este acto desleal de parte de esa multinacional para con los odontólogos, que somos quienes recomendamos sus productos a la sociedad en general. Sin nosotros, y a pesar de su poder económico, es muy complicado penetrar en todos los estratos de las comunidades y, de hecho, ese poder económico ha sido construido en gran parte con el apoyo que le hemos brindado. Fue tanto el rechazo a la venta indiscriminada de esos blanqueamientos con tiras impregnadas en peróxido de hidrógeno, que lo retiraron del mercado casi inmediatamente.

Pero somos países sin memoria colectiva. Hoy quiero mostrarles cómo la industria nos dice qué poco le importamos; ni los odontólogos ni los pacientes parece que valgamos nada. Me he quedado frío al ver uno de tantos anuncios en Amazon, en el que ofrecen, entre otros muchos, un pincel blanqueador de dientes llamado Optic White, que en Colombia lo comercializan en silencio. Digo en silencio porque, a pesar de ser visitado y atendido por ejecutivos de esta empresa, sea presencial o virtualmente, están vendiendo este producto a través de la plataforma Mercado libre, a un precio de $184.500.00 pesos colombianos, que equivale a 47 dólares (en otras páginas web cuesta 26 dólares). El mensaje que se le transmite al público es claro: no vayan al dentista, compren por internet, ahórrense la visita y el costo de los honorarios del odontólogo. Esto es deplorable y, la verdad, no hay derecho a que la industria nos trate de esta forma tan vil y reprochable.

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Es denigrante e inaceptable también que un grueso de los odontólogos que asisten a congresos hagan largas e interminables filas para reclamar el “obsequio” de una de estas empresas. En vez de entrar a escuchar conferencias, prefieren pasar media mañana para recibir una bolsita que contiene publicidad de quien te entrega ese regalo —un cepillo de dientes, una cremita dental—, que conlleva un mensaje de fidelización, una herramienta para recomendar esos productos. En los más de 30 años que llevo asistiendo a congresos, es algo que no he podido entender jamás.

“¿Es apropiado que las empresas inviten a los pacientes a automedicarse y a autotratarse?”

Volviendo al tema, las empresas que ofrecen estos blanqueamientos — y son muchas las involucradas en este tipo de mercantilismo — lo hacen para generar dividendos, y el único dios al que respetan es el dinero. El producto específico citado se ofrece como si fuera una panacea que, según reza en su publicidad, debe ser utilizado durante la noche, actúa como removedor de manchas y blanqueador de los dientes y rinde 35 tratamientos. Quiero ser claro al respecto: nunca estuve de acuerdo ni lo estaré con la libre venta de tratamientos odontológicos, en que los pacientes pueden adquirir directamente en las farmacias o por internet.

La lista de interrogantes frente a este mercantilismo despiadado es enorme. ¿Existe una valoración previa de un experto para determinar si es viable en casos en que el paciente presenta fisuras, abrasiones, hipersensibilidad? ¿Es posible o recomendable realizar procedimientos de blanqueamiento dental en embarazadas, lactantes, niños, adolescentes, pacientes con cáncer, enfermedades sistémicas? ¿Quién regula cuánto usar este producto siendo de libre venta? Si pensamos que los usuarios de cremas blanqueadoras al mes ya tienen hipersensibilidad, no me quiero imaginar lo que puede causar el empleo de estos productos sin una guía profesional. Además de que para que tenga éxito un blanqueamiento, como cualquier tratamiento médico u odontológico, se requiere realizar un diagnóstico y un manejo adecuado según el tipo de paciente.

“Nunca estuve de acuerdo ni lo estaré con la libre venta de tratamientos odontológicos, en que los pacientes pueden adquirir en las farmacias o por internet”.

Como líderes de opinión, tenemos la obligación de pronunciarnos al respecto. No es la primera vez que las multinacionales tratan de prescindir de los odontólogos, En un artículo publicado en Dental Tribune por el Dr. David Suárez Quintanilla, supimos que se están ofreciendo tratamientos de ortodoncia “invisible” con alineadores dentales a través de máquinas dispensadoras de “milagros” en supermercados (en USA, venden el kit de cubetas, masilla de silicona, manual de manejo y dirección de envío de las impresiones para procesar el “caso”; al cabo de una semana le llegan los alineadores al “usuario”, sin diagnóstico alguno). A los pobres pacientes les ofrecen la “solución” a sus problemas mediante esta falsa “ortodoncia milagrosa”. ¿Dónde queda el estudio radiográfico, el análisis de planos oclusales, la valoración por periodoncia, y, lo que es más grave, el humanismo?

Estos manejos basados en internet plantean interrogantes como estos: ¿Es honesto para con los dentistas? ¿Es apropiado que las empresas inviten a los pacientes a automedicarse y a autotratarse? ¿Es justo para con los odontólogos que las empresas que se deben a ellos le ofrezcan a los pacientes esta alternativa para que no vayan a consulta?

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Empresas como éstas, que se supone que son las que nos cuidan, no deberían ahora hacernos ese daño. Insisten en quitarnos trabajo, en hacer que los pacientes no vayan al odontólogo. Y es muy triste que nosotros los odontólogos sigamos recomendando sus productos a los pacientes que confían en nosotros. En realidad, se requiere de medidas drásticas hacia esas empresas.

Creo que las asociaciones odontológicas, las sociedades científicas, las universidades, deben dejar sentada una voz de protesta. Está claro que los beneficios económicos que ofrecen las multinacionales a todas estas entidades ligadas al gremio odontológico son altos, pero se deben poner en la balanza y tomar las decisiones correctas.

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Debemos hacernos sentir, hacer videos de protesta, hacer ruido en las redes sociales sobre lo que piensen de esta moda irracional. La única manera de que estas compañías entren en razón es que sientan nuestro rechazo tajante. Si no recomendamos sus productos, sus ventas se van a disminuir enormemente, porque ellos también necesitan de nosotros. Lo cierto es que la gente común no sabe nada sobre odontología, y los odontólogos no tenemos rigor científico: juzgamos, decidimos y actuamos con un mínimo de información, lo que al final nos lleva a tomar decisiones equivocadas.

El deseo por generar dinero de ciertas empresas no puede primar sobre la integridad de la profesión, los odontólogos y los pacientes.

¡Dejemos de ser esos idiotas útiles ya!

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El Dr. Enrique Jadad es especialista en Rehabilitación Oral, investigador y conferenciante internacional con práctica privada en Barranquilla (Colombia).

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